Opinión

Un imán, no un mandato: la nueva “norma” de la experiencia laboral híbrida


Por Claudio Ortiz Welsch
Gerente general de Cisco Chile


Qué complejo hablar rígidamente de que la oficina debe volver a ser el lugar de trabajo. Sobre todo cuando nos dimos cuenta de que, remotamente, si podemos colaborar, relacionarnos y ser productivos. De lo que sí podemos estar seguros es que la cultura y el espacio laboral cambió para siempre.

Para bien o para mal, muchos respaldamos la flexibilidad, independencia y autonomía de los equipos de trabajo. Más aún, confiamos en los diferentes liderazgos que hoy fomentan espacios y relaciones respetuosas, inclusivas y colaborativas. 

Por ello, más que oficinas, hogares o cualquier lugar, la experiencia laboral dejó de ser rígida y situada en un solo lugar. Más concretamente, la oficina ya no está en el centro de la ciudad. Es un lugar mucho más abierto y supeditado a los equipos de trabajo. Por ende, más que obligar a los colaboradores a ir a la oficina, creemos que la mística debe ser motivarlos y atraerlos. 

Según McKinsey, las empresas que han establecido y comunicado una “visión de estrella del norte” para su plan de trabajo flexible, les puede resultar más fácil inspirar a los empleados para que regresen a la oficina. En ese sentido, un aspecto crucial es comprender de manera profunda qué momentos son importantes para el trabajo in situ y cómo los colaboradores contribuyen al éxito.

Del trabajo remoto reinante en la pandemia, pasamos al híbrido: un equilibrio entre lo presencial y lo remoto. Actualmente, la presencia de colaboradores en las oficinas se ha ido estabilizando, aunque muy lejos de lo que era prepandemia. 

De acuerdo a McKinsey, un 37% va a la oficina todos los días, un 56% adicional tiene acuerdos de trabajo híbridos y, por lo tanto, pasa de uno a cuatro días a la semana en la oficina. Y el 7% trabaja de forma totalmente remota.

No ha sido fácil. La flexibilidad que ofrece lo híbrido tiene que ver con la productividad y ahorro de recursos para las empresas; mientras que con el ahorro de tiempo en desplazamiento hay más espacio familiar-ocio para los colaboradores.

El trabajo híbrido cambió el mundo de manera profunda, disponibilizando no solamente nuevos espacios de trabajo y de colaboración, sino también la confianza en colaboradores mediante  liderazgos que velaron por la continuidad operacional y el bienestar.

Hoy por hoy, las oficinas siguen siendo un activo fundamental para cualquier organización. Pero los escritorios y los rígidos días laborales de 9am a 6pm están descartados. Hoy la flexibilidad es el desde y la oficina debe ser un “imán”, no un mandato: un espacio que invite a la colaboración y a la innovación, fomentando el cara a cara como una actividad rica en conocimiento y en el fortalecimiento de los equipos.

Lógicamente, es una filosofía más que un deber ser. Entregar flexibilidad a los empleados y a los equipos de trabajo para que elijan qué días ir a la oficina, con qué frecuencia y cuánto necesitan pasar tiempo juntos depende de cada empresa y sus políticas. Para McKinsey, lo que determinará principalmente la tasa de asistencia a la oficina será su impacto en la productividad. Si las investigaciones indican de manera concluyente una relación negativa o positiva entre el trabajo híbrido y la productividad, eso podría aumentar o disminuir la asistencia a la oficina, respectivamente.

Más allá de eso, las empresas tienen que fomentar sin descanso la pertenencia, la conectividad, la creatividad y el bienestar de sus empleados para no solo un mayor rendimiento, sino también para un mejor compromiso de los colaboradores, sintetizando la tecnología, el diseño del lugar de trabajo y la experiencia para el éxito. 

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