Opinión

Teoría de las ventanas rotas


Por Gonzalo Garín
Experto en Seguridad Humana


Como lo señalara en una columna anterior, las personas estamos inmersas o apoderadas del llamado sesgo de normalidad, “creer que todo está bien, porque nunca ocurre nada malo”, la región y en especial la comuna de Coyhaique no es la excepción a la regla, seguimos pensando que los altos niveles de percepción de inseguridad producto del incremento de ilícitos violentos que vive la zona centro-norte de la nación, están muy lejos de alcanzar los aislados territorios de la Trapananda.

No podemos estar más equivocados, si bien no al nivel de Santiago, Valparaíso, Concepción o Antofagasta, por mencionar algunos, la sí criminalidad ha aumentado, solo como ejemplo, en Coyhaique este 2023 han ocurrido 2 secuestros, ambos aclarados por la policía, teniendo como resultado detenidos que ya enfrentan a la justicia.

El secuestro es uno de los delitos de mayor condena penal en el país, por cuanto debemos poner atención a este fenómeno, porque demuestra que no estamos ajenos a la realidad nacional. Ahora bien, no debemos quedarnos solo en estos hechos, los robos en lugar habitado y no habitado son otra problemática para toda la ciudad, en especial, el sector céntrico y perímetro cercano, ya que es donde por lo general se alberga el comercio.

Recordemos que Coyhaique está integrado al Plan “Calle Segura”, una estrategia anunciada con bombos y platillos, pero que pareciera no estar dando los resultados esperados, los delitos violentos especialmente en Santiago siguen ocurriendo, basta con encender la televisión a primera hora de la mañana para informarse de las noticias policiales que, cada día, presentan más crueldad en la comisión de los hechos, pasamos del robo de celulares y “portonazos” al hallazgo de cadáveres mutilados o calcinados, hechos de sangre que siempre veíamos a la distancia, asociados al narcotráfico y el crimen organizado. Pues bien, ambos fenómenos delictuales están “sentados a la mesa” de los chilenos hace ya bastante tiempo, pareciendo que lo hicieron para quedarse, pero, ¿qué podemos hacer para recobrar la tranquilidad y seguridad que como Estado se nos debe garantizar?, difícil la respuesta, muchas son las ideas que se plantean diariamente desde el Ejecutivo, instituciones policiales, gobiernos regionales, municipalidades y organizaciones diversas, hasta se habla de instaurar un Estado de Excepción “acotado”, similar al que se mantiene en la Región de La Araucanía o la ya conocida “Zona Roja”.

El incremento de dotación en las policías pareciera ser una de las mejores opciones para prevenir, detener e investigar los hechos delictuales, pero ésta se somete al interés que tengan los jóvenes por ingresar a Carabineros o la PDI, frente a una población delictual cada día más agresiva, organizada, con mayor poder de fuego y una Defensoría Penal Pública dispuesta para su defensa, versus víctimas dejadas a la suerte si no cuentan con recursos para pagar la representación por parte de un abogado. No podemos olvidar además los retiros anuales del personal en ambas instituciones, en muchos casos para incorporarse al mundo civil desde la seguridad privada, gran nicho para hombres y mujeres que por más de 25 años sirvieron desde la -en ocasiones- incomprendida y hasta poco valorada seguridad pública.

Me vuelvo a preguntar, ¿qué podemos hacer para recobrar la tranquilidad y seguridad que como Estado se nos debe garantizar?, como muchos otros preocupados de la “inseguridad pública”, creo que debemos partir por controlar las incivilidades, recuperando los espacios públicos, no descuidando las áreas verdes, mejorando luminarias en plazas, calles, vía pública, creando más y mejores puntos de encuentro para las familias, jóvenes, niños y adolescentes, controlando la población canina callejera, impulsando el cumplimiento del cuidado y tenencia responsable de mascotas, respaldando el actuar de las policías en el cumplimiento legítimo de sus funciones, también utilizando las herramientas tecnológicas que se disponen en estos días, cámaras de seguridad, identificación facial, drones, alarmas comunitarias y una serie de medidas que podemos impulsar o exigir como personas de a pie, hasta que sean atendidas por las autoridades locales, regionales o nacionales en quienes se deposita la obligación de garantizar la seguridad integral de la población.

 La Teoría de las Ventanas Rotas (1969), señala que si en un edificio aparece una ventana rota, y no se arregla pronto, inmediatamente el resto de ventanas acaban siendo destrozadas por los vándalos. ¿Por qué? Porque se está transmitiendo el mensaje: aquí nadie cuida de esto, esto está abandonado, un experimento social que fue aplicado como ley posteriormente en una de las ciudades más grandes del planeta, Nueva York. Claramente, con las medidas que cito en estas líneas, no controlaremos el crimen organizado, pero sí podemos recuperar espacios abandonados a su suerte. Con condiciones climáticas como las de la Región de Aysén, son propicias para el crecimiento acelerado de vegetación en los frontis de nuestras casas, vía pública, plazas, etc., una situación que constantemente se descuida por los habitantes, como por las autoridades municipales, si solo pudiéramos tener controlado este simple factor, podríamos evitar muchas incivilidades que en ocasiones terminan en delitos, como autores o víctimas, ya que permite, por ejemplo, la ocultación de personas para cometer delitos, consumir alcohol o drogas, arrojamiento de basura, proliferación de roedores, y otras, es decir, ver que el Estado está ahí y no los habitantes del sector dejados a la suerte que con cada día que pasa “una de sus ventanas de vida amanezca rota”. 

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