¿Apruebo o Rechazo?


Por Guillermo Tobar L. @USanSebastian
Académico Instituto de Filosofía U. San Sebastián, Sede Patagonia


El borrador de una nueva Constitución es ya un hecho. La redacción de una posible Carta Magna tiene vida, no propia, por supuesto, sino aquella que Ud. y yo queramos otorgarle en el plebiscito de salida. Los ciudadanos dan vida a una ciudad, pues, sin ellos la ciudad es solo un sitio geográfico vacío. Ningún ciudadano está demás en una ciudad y como tal cada uno tiene su cuota de responsabilidad y algo que decir en su edificación.

De aquí nace la gran responsabilidad que tenemos de informarnos y de razonar seriamente acerca del futuro que deseamos para nuestro país. Como ciudadanos pertenecientes a un país largo y angosto geográficamente, pero vigoroso y resuelto de espíritu, no podemos claudicar -frente a ideologías del color que sean- al clamor de una verdadera paz, de una verdadera justicia y de un verdadero bien, al que estoy seguro todos aspiramos.

Vigor es la fuerza y la energía que posee el ser humano como ser vivo que es. La energía que destaca en él no es física ni mecánica, sino interior. Eso explica por qué hemos sido capaces como país de levantarnos con arrojo cuando el volcán sepultó la ciudad y luego limpiamos las cenizas; o cuando el terremoto pulverizó nuestras edificaciones y las reconstruimos otra vez. A pesar de todo resolvimos igualmente seguir adelante unidos como país.

Para escribir la historia futura de Chile el requiso es simple: volver al vigor que nos une como pueblo. La forma de prepararnos para un Apruebo o un Rechazo no está en descalificar, anular o funar al que piensa distinto. Esto, además de ser una conducta impropia de un ciudadano que aspira a contribuir a la mejora de un país, es un desenfoque de lo esencial. La verdadera preocupación está en la información, en la reflexión y en el razonamiento profundo respecto al significado y a las consecuencias que puede haber en cada palabra del texto propuesto.

Pensar es lo más propio y natural del ser humano, es una de aquellas características que no se pueden separar de su naturaleza sin convertirlo en una bestia. Pero, “pensar bien” no es necesariamente una característica de todo humano, para razonar adecuadamente es necesario tener la intención de hacerlo.

Reflexionar con lógica para llegar a un razonamiento cuerdo es el mejor compromiso que podemos hacer frente a la realidad que se nos impone como ciudadanos. Sin importar nuestra historia personal o mejor dicho teniéndola en cuenta, es posible llegar a un razonamiento colectivo como país que nos permita mirar con distintos ojos, con diversas miradas y con diferentes historias hacia el futuro que pertenece a todos.

Estar unidos como país no es pensar igual, ni siempre querer lo mismo. Estar unidos es una cualidad que nos hace sinfónicos. La unidad como país debe estimular a cada ciudadano a dar la nota correspondiente, en el momento exacto y en el tiempo oportuno.

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