Una segunda transición democrática


Por Eva Bahamonde T. @EVAGABRIELABT 
Asistente Social de profesión y oficio


Domingos de octubre con historia, así podría quedar plasmado en la memoria chilena lo que viviremos a partir de hoy, ya que este domingo 18 se cumple un año del estallido social, lleno de pasión, emoción, contenido participativo, autoconvocado para darle fin al aletargamiento y silencio de la triste realidad que estábamos viviendo.

El cansancio frente a los abusos, las bofetadas que a diario y por décadas se fueron incrustando en la sociedad, ya no daba para más.

Chile despertó, claro que lo hizo, fueron los estudiantes que nos llenaron de energía y todo el país se unió en un caceroleo nacional, marchas en la mañana, tarde y noche, empezó la fuerte represión a las manifestaciones, perdigones directo a los ojos de compatriotas que estaban luchando por hacer oír la voz de quienes ya no pueden.

Lo que estaba claro era que el descontento, molestia, pena y rabia tenían la misma base, cambiar la actual constitución por una que sea escrita por la ciudadanía. Nos organizamos y realizamos cabildos autoconvocados, a estas manifestaciones había que ponerle cuerpo y si bien la calle era nuestro escenario, el guión empezaba a tomar cuerpo.

Mientras en las calles se gestaba la revolución, en el Gobierno lamentablemente no existía conexión alguna con lo que realmente estaba sucediendo. La famosa frase del expresidente del Metro, Clemente Pérez: “cabros esto no prendió…”, fue una seguidilla de señales equívocas como el mismísimo Presidente Sebastián Piñera diciendo: “Estamos en guerra frente a un enemigo poderoso e implacable”, demostró la indolencia frente a los hechos que ocurrían en nuestro país de parte de las autoridades políticas de gobierno.

El próximo domingo 25 de octubre tendremos la oportunidad de plasmar en las urnas con nuestro voto el “Apruebo” una nueva Constitución y Convención Constitucional para ponerle fin a la carta política escrita en Dictadura, por una comisión de conservadores y aprobada por un plebiscito fraudulento el año 1980.

La oportunidad histórica que tenemos es de repensar nuestro país, en el cual el objetivo sea privilegiar la dignidad de las personas y el cuidado de la naturaleza, dejando atrás el extractivismo y consumo individualista.

Los desafíos que se nos vienen están llenos de incertidumbre, ya que las dinámicas políticas y sociales están enfrentadas a una futura transición en la cual la ciudadanía demanda mayor participación, mientras que la política partidista cupular tendrá que abrirse a ceder su cuota de poder para lograr en conjunto incidir en este nuevo proceso político.

Para ello debemos tener altura de mira y establecer acuerdos que innoven en romper rutinas y hábitos en ambos estadios, para que se generen espacios de deliberación y decisión que sean capaces de generar dinámicas participativas, inclusivas y colaborativas entre la sociedad civil y las élites partidistas, que tiene el deber moral y ético de abrir los espacios para que en conjunto se logre plasmar la nueva carta fundamental y acordar el tan anhelado nuevo pacto social.

La tarea será ardua, el 25 de octubre tengo la certeza que venceremos, lo que suceda desde el 26 de octubre en adelante será el nuevo desafío.

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