En Francia, “hoja de balance” en todos los ámbitos de la sociedad


Por Josephine Bodin. @josephinbodin
Estudiante de Ciencias Políticas, desde Belfort, Francia.


Hace 2 meses terminó la Cuarentena en Francia. Hace 2 meses éramos un país traumatizado con el resto del mundo, por una pandemia que no escatimó a ningún continente, y que negó las libertades individuales tan queridas en nuestro país. Era la primera vez -desde la Segunda Guerra Mundial- en que la sociedad dejó de funcionar normalmente y la gente se quedó en casa, desde el 17 de marzo y hasta el 11 de mayo.

Soy una estudiante francesa en Ciencias Políticas, trabajando en un mercado durante el verano, en un pueblo turístico cerca del Atlántico. Lo que puedo ver, tras 2 meses fuera de la Cuarentena, es que aunque tenemos pocos casos ya, particularmente, en esta zona de Francia la amenaza del virus parece haber completamente desaparecido. Es decir, las mascarillas han caído de las caras y las distancias entre amigos también. Sin duda por culpa del verano y de una voluntad de disfrutar de la vida tras estos meses de distanciamiento social. El 21 de junio fue la Fiesta de la Música, cada año marcada por conciertos en las calles que este año fueron improvisados y reunieron muchedumbres enormes. También, en el espíritu reaccionario francés, la muerte de Georges Floyd en EEUU reunió en la calle a docenas de personas para protestar contra la violencia policial (provocando así una nueva crisis política en el Ministerio del Interior).

La salida de crisis es muy difícil de organizar, porque nadie sabe muy bien donde deben empezar y parar las prevenciones y todos quieren preservar las libertades de cada uno.

En los restaurantes, se necesitan mascarillas para ir desde la puerta hasta la mesa. En los cines, mascarillas desde la puerta y hasta la silla. Pero en la playa, los parques, al aire libre, en la calle, las manifestaciones han sido autorizadas de nuevo. Los aviones y trenes ya permiten los viajes y el turismo, y las fronteras con otros países tan marcados por la pandemia como España o Italia, reabrieron a mitad de junio. La verdad es que la naturaleza humana lo supera todo, y que el vínculo social nunca se rompe para mucho tiempo. Un verdadero dilema para las autoridades, ya marcadas por la Cuarentena, pero ahora aún más por la crisis económica y las recientes manifestaciones contra la violencia policial y el racismo.

Crisis sanitaria primero y ahora crisis económica, perturbaciones sociales y cambios políticos.  Una serie de descontentos que muestran que la vida vuelve, poco a poco, a la normalidad en nuestra sociedad.

Todavía, con el verano, el virus sigue pareciendo lejos de nosotros. Y ahora hay que debatir sobre la gestión de crisis y las decisiones que han sido tomadas desde el 17 de marzo. Por eso el Presidente Macron ha despedido a su primer ministro, Édouard Philippe, y ha dimitido su gabinete entero (para crear otro Gobierno con algunos de los mismos ministros renunciados). La democracia francesa es así de particular: cuando todo va bien, el Presidente es bueno, y cuando todo va mal, es culpa de su Primer Ministro, quien dirige el Gobierno, quien es colectivamente responsable (si el Primer Ministro dimite, entonces el resto del Gobierno también debe dimitir).

  Nuestro país está en un momento de “hoja de balance”, mientras que la pandemia sigue fuera de control en el mundo. Nadie sabe si ya es muy temprano para pensar en un futuro post COVID-19, pero la vida intenta seguir normalmente, los economistas pensando a la próxima crisis, y los políticos en las siguientes elecciones. A mí me parece que esta situación tranquiliza bastante a la gente, solo porque puede empezar a vivir, comprar y a disfrutar de sus libertades individuales de nuevo. Es así de fácil. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *