Pandemia: ¿Quiénes se lavan más las manos?


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Por Claudio Díaz P. @claudio_diazp 
Periodista

A más de 2 meses de iniciada la crisis sanitaria en nuestro país, con la confirmación del primer contagiado del virus Corona COVID-19 en Chile, la forma de actuar del país ha ido cambiando gradualmente, tal como lo ha hecho nuestra forma de vida. Nos fuimos quedando más y más en casa, adoptando medidas de distanciamiento, tosiendo en el antebrazo, usando mascarilla y lavándonos las manos más veces que en toda nuestra breve existencia hasta ahora.

También la familia, el comercio, los trabajadores, los estudiantes, las redes sociales, la política y el Gobierno, entraron simbióticamente en la “nueva normalidad”, que aún está en proceso de configuración. Pero en casi 70 días de contingencia COVID-19, algunos ya “surfean” en la nueva ola y en 8 semanas se desempaña un tanto el ‘modus operandi’ que corrobora que el interés de mantener el equilibrio de fuerzas que Chile ha profundizado en el último medio siglo, es el único leitmotiv.  

Por ejemplo, los bancos lejos de ponerse a la altura de la situación como en otros países de Sudamérica y “congelar” las deudas por algunos meses, prefirieron generar nuevos créditos con tasa a sus miles de clientes para “postergar” el pago. Precisemos, además, que el Estado transfirió vía Banco Central en un primer paquete de medidas a la banca unos US$3 mil millones, y con todos los demás paquetes anunciados hasta ahora, se estima que ese rescate podría alcanzar a los US$19 mil millones, que vía crediticia “ayudará” a personas y Pymes. Vale preguntarse a quién se está realmente rescatando aquí, cuando este sector financiero, en el mes de febrero de este año alcanzó utilidades por más de $473 mil millones y, en marzo, en plena crisis sanitaria, consiguieron otros $103 mil millones.  

 Las empresas de servicios sanitarios y electricidad de Chile, que son monopólicas y tienen concesión legal por décadas entregadas por el Estado, tampoco dieron la señal de rebajar un céntimo el costo de su servicio a los millones de usuarios cautivos de sus prestaciones vitales –luz y agua potable. Más bien optaron -al igual que los bancos- por “postergar” los pagos de algunos meses, lo que debemos entender como una excelsa medida de compasión que debió ser empujada además por una legislación para que se asegurará que las empresas no cortarían sus servicios a quiénes adeuden o no paguen sus consumos, al menos mientras exista Estado Excepción Constitucional en el país. De hecho, las cuentas de estos meses serán redistribuidas en los próximos meses, quizás calculando muy bien los directorios sanitarios y eléctricos que el confinamiento en el hogar, incluso, generará aún mayor consumo en beneficio de sus activos corporativos. En definitiva, el concepto es claro, la gente seguirá “acumulando deuda” para más adelante.

¿Dónde está el compromiso país, la unidad, la solidaridad, el sentido de Nación, el bien común que debe promover el Estado?

En esta tarea de combatir la pandemia, el centro nervioso es el Gobierno, y dentro de él quienes encabezan la administración del Estado. Y es en este contexto en que el Gobierno ha reiterado permanentemente la necesidad de “unidad” y “solidaridad” como país, aunque al mismo tiempo abrió, en pandemia, las puertas a la posibilidad de despedir trabajadores, pagarles menos y que, de necesitarlo, se salven económicamente con su propio seguro de cesantía. Claro, hay medidas como el Bono Covid-19 de $50 mil para quienes no dispongan de seguro de desempleo, o Ingreso de Emergencia Familiar de $65 mil, que en ningún caso alcanza siquiera a US$100, y que va a un segmento que oscila entre un 40% y un 60% de la población más vulnerable. Un sueldo mínimo mensual en Chile hoy es de $320 mil, unos 388 dólares.

Según cálculos de la oposición, el monto utilizado a la fecha por el Gobierno para ir en ayuda económica de quienes más lo necesitan en el país, no supera el 5% del PIB. En 2008, ante la crisis financiera subprime Chile desplegó el 8% de su PIB.

Al mismo tiempo, “Papá Fisco” está replegando todos los recursos que pueda desde el erario nacional y que está distribuido en cada uno de sus ministerios y en las cuentas de organismos como los Gobiernos Regionales. En Aysén, por ejemplo, se devolvieron “elegantemente” unos $5 mil millones al nivel central, digo de manera “elegante” porque se aplicó la sutileza obligatoria de votar y aprobar proyectos para financiar equipamientos de Salud necesarios en la pandemia, que probablemente no veamos en la región, mientras otros recursos simplemente salieron de la caja regional directo a Santiago. Es más, licitaciones adjudicadas han sido completamente revocadas, luego de ser concursadas, aprobadas, con contratos firmados y boletas de garantías presentadas por los oferentes, todo por decisión del Gobierno en las últimas semanas, al ser considerados “dineros detenidos” y con el impacto que ello implica a las Pymes participantes.

Hace un par de días, la Intendenta Geoconda Navarrete anunció con grandes aspavientos que el nivel central inyectará a los municipios de Aysén la suma de $3 mil 291 millones. Realicemos un cálculo básico: si dividimos el monto en partes iguales entre las 10 municipalidades, cada una recibiría $329 millones, lo que evidentemente no ocurrirá, pues comunas como Coyhaique o Aysén que concentran casi el 80% de la población tendrán mayores recursos asignados, por lo que habrá comunas que ni siquiera verán esos dineros o su impacto. Pensemos que una obra como el terminal de buses de Coyhaique se empina por los $4 mil millones o la recientemente anunciada pavimentación de solo 6 kilómetros entre Chile Chico y el cruce de acceso a Bahía Jara es del orden de los $6 mil millones. No se trata de despreciar los montos que puedan “retornar” a la región, pero cuando Aysén ya quedó sin $5 mil millones en la billetera del GORE, y regresen $3 mil millones a repartir, entonces debemos saber que más que una “inyección” resulta más bien una “aspirina”. Todo ello, sin saber aún cuánto es el monto total de recursos que cada ministerio en la región devolvió a Hacienda. Por tanto, como ciudadanos es pertinente exigir una mínima cuota de realismo a las autoridades, porque magnificar es gratis, pero peligroso. Y al mismo tiempo, se requiere verdadera transparencia, sobre todo en las cifras que nos interesan en la región de manera que todos los actores conozcan el diagnóstico real y puedan tomar las decisiones más acertadas.

Lamentablemente, el Gobierno ha brindado muy poca información a la fecha. Solo datos disponibles en la web permiten establecer parcialmente la dramática situación que está cerniéndose sobre Aysén a nivel laboral. Cifras del sitio web del Ministerio del Trabajo en el primer balance de la Ley de Protección del Empleo, precisa que la Región de Aysén tuvo 1.965 despidos solo en el mes de marzo, un 41% más que los contabilizados en el mismo mes de 2019, y más del doble de las desvinculaciones que se concretaron vía carta de despido en el mes de febrero de este año. ¿Cuál es el desglose por actividad económica en la región, por comuna, son más mujeres u hombres, a que perfil de trabajador/a está afectando, cuál es su situación socioeconómica? No lo sabemos.

Sí sabemos el desempleo nacional que el INE informó del primer trimestre de 2020: un 8,2%. Sin embargo, aunque regiones como Aysén (5,3%) están por debajo del promedio país, es una cifra significativa pues no se estaba en este nivel desde 2014, y está por sobre regiones como Magallanes (4,7%) o Los Lagos (5,1%).

Pero estos datos son básicos y generales. Es decir, si no se transparenta y aterriza la información detallada en su verdadera magnitud, ¿cómo un consejero regional o un alcalde puede decidir en qué invertir?, ¿cuánto, dónde o qué proyectos priorizar, a quiénes beneficiar primero en su territorio?, ¿con qué información de primera mano un dirigente de la Construcción, del Comercio, del Turismo, de cualquier pyme local podrá decidir qué comprar o qué contratar, etc.?

En definitiva, desde el 3 de marzo a la fecha, hay más gente de la que imaginamos con las manos llenas de jabón bajo la “canilla”, aprovechando de “enguajarse” una y otra vez en solitario y con la idea de salvar el cargo o la corporación a costo de los demás. Y les garantizo que las personas que vivimos el día a día intentando sobrevivir al avance y los efectos de la pandemia, también iremos re-descubriendo quiénes son los que se están lavando más las manos durante esta crisis.

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