Los costos de la Pandemia lo pagamos las regiones

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Por Jorge Calderón N. @jcalderon_cl 
Sociólogo

Pese a los anuncios macroeconómicos anunciados por el Gobierno para enfrentar la crisis económica, como consecuencia de la pandemia COVID-19, lo cierto es que queda la sensación de que estas medidas no solo son insuficientes, sino que, además, no llegan al común de las personas.

A poco más de un mes del primer caso de contagio en Chile por Coronavirus, todo indica que estamos lejos de que esta distopía termine. A la fecha son 4 mil 471 contagios, 7 de ellos en la Región de Aysén, y 34 fallecidos en Chile. La única certeza que existe hoy, es que las cifras seguirán subiendo.

La preocupación de la población, hoy día, no solo radica en la salud de las personas, existe una tensión no atendida en la necesidad de cerrar las fronteras de la región para resguardar el aumento de contagios, así como también la angustia de no saber cómo enfrentar los compromisos económicos.


¿Cuánto ha sido el recorte presupuestario de las reparticiones públicas en la región?, ¿Cuántos finiquitos se han cursado la inspección del trabajo las últimas semanas?, ¿En que precaria situación están el Comercio, la locomoción colectiva, el transporte de escolares, artesanos, el rubro del Turismo, la Construcción, las empresas de Servicios y, por supuesto, ¿los trabajadores informales e independientes?

Nada concreto se ha escuchado de destinar recursos del 2% Constitucional para Emergencias y Catástrofes, posibles de utilizar emitiendo un bono soberano o utilizando los recursos que se mantienen en el fondo de estabilidad económica, entre otros ejemplos. Nada de eso se ha dicho, muy por el contrario, lo que hoy tenemos como certeza es que ya comenzó el recorte del presupuesto 2020 en las regiones, es decir, los efectos de la pandemia lo están pagando las regiones.

Cerca de $5 mil millones del Gobierno Regional de Aysén se destinaron al Ministerio del Interior, Hacienda y Salud para enfrentar la emergencia. Y esto no es cuestionar la decisión local, es más bien transparentar que esto se traduce, directamente, en una serie de iniciativas regionales que no se podrán implementar durante este año, y como consecuencia de ello, menor ejecución de obras, menor generación de empleo, menos dinero circulante que permita pagar las cuentas de las familias y, por lo tanto, generar el necesario dinamismo económico local.

No podemos nuevamente escudarnos en el “no estábamos preparados para una situación como ésta”. Así como se han anunciado medidas macroeconómicas para salvar el sistema financiero, es urgente volver a priorizar la inversión pública regional e implementar un paquete de medidas que ayude a las familias, en las cuales hay personas que quedaron cesantes, hay trabajadores independientes e informales sin actividad, en definitiva, que incorpore a todos aquellos que han visto reducidos sus ingresos y avizoran un oscuro futuro “post COVID-19”.

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