¿Qué se viene con el COVID-19 en Aysén?


 

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Por Marcio Villouta A. @marcio_villouta 
Presidente DC Región de Aysén


  El ciclo de la pandemia del virus COVID-19, sin duda, dejará una estela global como pocas veces hemos visto en la historia reciente, quizá comparable con la 2ª Guerra Mundial. Eso no lo sabremos hasta que el ciclo del virus termine.

Un dato, según los  historiadores W. Van Mourik y F. W. Putzger, es que las víctimas que dejó la ultima conflagración, considerando militares, civiles, los efectos de las hambrunas y enfermedades producto de la guerra, va entre 40 a 100 millones de personas, en tanto, los efectos económicos, según el país y continentes, duraron décadas.

¿Cuáles serán los efectos del Coronavirus a nivel planetario, en nuestro país y en la Región de Aysén? Aún son impredecibles y es probable que sea menos difícil sacar conclusiones, exploraciones o llegar a ciertas conclusiones en el escenario regional que, a mi juicio, tiene mejores perspectivas, para salir menos dañados que en el contexto global.

Desde el punto de vista de la salud pública, hasta el momento, nuestra condición de “isla” nos ha favorecido, y si no es por la torpeza de quienes autorizaron el atraque del crucero en Caleta Tortel, estaríamos libres de casos de infectados. Esta experiencia pareciera recomendar, que un cierre total de la región (resguardando la cadena de abastecimiento y logística básica) nos pondría en una condición de menos posibilidades de contagio, si a ello se agrega el  bloqueo en los  traslados intraregionales, y administrando la convivencia regional a través de módulos (que serían las comunas, villas y pueblos) podríamos, como habitantes de Aysén, establecer una estrategia muy parecida a la que implementó con éxito la República Popular China.

Respecto de los impactos económicos, si la región mantiene los presupuestos sectoriales, del FNDR y el gasto corriente no se recorta, con ese flujo podríamos tener el “piso” de la cadena económica regional. Implementando medidas administrativas, como pagos contra factura, generando la mayor cantidad de compras y servicios a las empresas locales, además de establecer un buen dialogo entre los servicios públicos y los municipios (hoy los alcaldes son actores más relevantes que ayer y ya demostraron que tienen fuerza), podríamos mantener una dinámica económica mínima aceptable.

En el sector privado el panorama es más diverso y el golpe mayor sería en el sector litoraleño, por tanto, los instrumentos de reactivación y salvataje a la pequeña empresa, debiera ser diferenciado.

La región tiene claramente 2 focos de actividad privada. La primera, asociada a las comunidades costeras, como es obvio; a la pesca, la acuicultura y el cabotaje; donde el mar de Aysén genera más de un tercio del producto regional y tendrá las mayores dificultades, básicamente porque disminuirá la demanda en el sector salmonero y con ello se rompe parte de la economía local representada por la industria secundaria y prestadores de servicios, lo que tendrá efectos en la economía de Aysén y Cisnes. Asimismo, porque la amenaza de modificación a la Ley de Pesca puede generar problemas a los actores locales, principalmente, por la presión que ejercerá la Región de Los Lagos a través del Congreso.

 En el sector más oriental de la región, las cosas serán menos complejas, ya que el sector público tiene gran incidencia en la dinámica económica, ya sea por la inversión, sea por el gasto corriente de los servicios del Estado, o sea por el consumo de los funcionarios fiscales, que mayoritariamente lo hacen en Coyhaique. 

Otro factor es el Turismo, que a partir de septiembre inicia su recuperación, donde la demanda nacional nuevamente tendería a crecer con mayor fuerza, más aun, si la pandemia es bien manejada en Aysén y Magallanes. Por su parte, el sector silvoagropecuario no alcanzó a ser afectado por la pandemia y su ciclo será normal, tanto en sus negocios domésticos, como en las exportaciones, que toman fuerza en el segundo semestre del año.

Así las cosas, Aysén tiene la gran oportunidad de ser, por una parte, la región que mejor puede administrar la crisis del COVID-19; con menos contagiados y menor tasa de fallecidos; y por otra, con los recursos disponibles normales, más un extra que se debe determinar y focalizar adecuadamente, enfrentar con relativo éxito los efectos económicos de la pandemia. Dependerá del dialogo fluido público-privado, donde la autoridad regional, debe abrir los espacios y el sector privado afinar “la pedida” con inteligencia y precisión.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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