[OPINIÓN] ¡Suficiente!

 

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Por Roberto León G.
Profesor de Inglés / Traductor

¿Qué se le viene a la cabeza cuando se oye decir tal orden imperativa? Simplemente que ya no se siga… que ya es suficiente. ¿Por qué el título? Paciencia, se irá aclarando más adelante.

Todos solemos reírnos con las bromas, hemos sido tanto víctimas como autores de alguna situación risible hacia un familiar o amigo. Obviamente se trata de bromas sanas, las simpáticas, por ejemplo, que una persona va tomando una bebida y detrás hay alguien que le da un sustito causando una reacción sorpresa; eso sí es chistoso.

Sin embargo, están las bromas que son del tipo de humor negro o con solo el afán de humillar y mofarse de alguien, estoy seguro que saben a las que me refiero: Las bromas pesadas.

A quienes hemos caído en ese tipo de “juego”, nos debimos sentir tontos o impotentes o con ganas de desquitarnos. Lo que me recuerda una situación, y voy a contar un caso que me ocurrió. En plena básica, en un cumpleaños de un compañero, estábamos jugando una “pichanga” y siento que detrás de mí alguien me echa un líquido con un olor terrible en el pelo, sin saber qué era y por qué olía tan mal. Quien me la hizo arranca antes de que yo pueda voltear para saber de quién se trataba, pero aquel chiste causó que algunos de sus cómplices se rieran y me gritaran: ¡Zorrillo! Obviamente, me sentí impotente y humillado, sin duda quería pagarle al que lo hizo con la misma moneda, atacándole por la espalda. Pero antes de contarles qué hice, le pregunté a un grupo de personas qué harían en una situación similar.

Dijo Daniel: “El que te ataque por la espalda es un modo de guerra a lo prehistórico, donde todo vale, es el estado natural del hombre. Si a uno se lo hace, entonces no hay reglas en contraatacar de cualquier modo. Es muy al contrario a pelear en un ring donde hay reglas o resolverlo en tribunales, ambas de caballeros”. 

Paulina Paz opina: “Le seguiría hasta atraparle y darle una paliza que no olvidará nunca”.

Francisca Ignacia: “Tratar de calmarme para no causar desorden, pero me vengaría días después haciendo lo mismo o algo peor”.  

Otro amigo, que llamaremos Javier mencionó: “Me quedaría con la rabia, pero no haría nada, no le seguiría el juego”. 

En fin, ¿qué hice yo? le pegué un puñetazo por la espalda. Pensé: Si él puede atacar por la espalda, yo también. Solo lo hice por defensa, porque esa broma no fue nada chistoso. A veces pienso: “Si a palabras, usando la sicología, no entiende nunca, entonces basta  un solo golpe y decir: ¡Suficiente!”. Lectores, no es que sea violento, es solo defensa, un modo directo de decir que a uno le dejen tranquilo y que no siga con ese tipo de tretas nunca más.

Todo tiene un límite. Si alguien le está molestando una y otra vez usa las palabras. Pero si continúa insistentemente, entonces basta una mirada penetrante o ya máximo una bofetada y listo. A los que son padres díganles a sus hijos que no se dejen amedrentar, que se defiendan. Si alguien les pega, que les pegue de vuelta. Si alguien le insulta, que diga lo primero que se le venga a la mente al segundo, así evitando en quedarse pensando qué decir, porque ya perdió. Que no se pierda en el laberinto de la mente, que puede ser a veces nuestro peor enemigo.

Y sí, todo tiene un fin. Hasta este artículo se da por concluido con una pregunta y con una cita: ¿Qué haría usted si es víctima de una broma pesada? Todo depende de uno mismo. Y la cita, dicha por el poeta romano Publilio Siro: “El carácter de cada hombre es el árbitro de su fortuna”.

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