[OPINIÓN] ¿Nos organizamos? ¿Participamos?

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Por Marcio Villouta A. @marcio_villouta 
Presidente DC Región de Aysén

Cuando para muchos el 2019 ya había llegado al ocaso en temas públicos y gestión gubernamental, la última semana de octubre nos sorprendió con una fuerte movilización social, que a nivel país, en cada rincón de nuestra geografía, demostraba todo lo contrario. No solo quedaba mucho tiempo aun, sino que además este movimiento que irrumpía lo hacía de una manera casi inédita en el último medio siglo: la calle exigía más participación ciudadana en los procesos de construcción de agenda pública, y participación vinculante que aborde por sobre todo la desigualdad en todas sus dimensiones.

 Hoy por hoy, desde todos los sectores, escuchamos, vemos y leemos que existe un llamado amplio al dialogo y a la construcción de una “nueva agenda” de gobierno, que permita abordar las demandas de la gente, del pueblo que movilizado, ha salido a la calle, un espacio donde se delibere, se converse y por cierto se discuta.

Este proceso debe considerar actores que provengan del ámbito político, pero además de todos los sectores relevantes, es decir, aquellos actores claves del sector público, privado, académico y la sociedad civil, que incluya un trabajo que permita abordar el ámbito nacional, activando talleres de trabajo en las regiones, provincias, comunas y localidades de toda la nación.

 Cuando la discusión conlleva abordar el desarrollo de política pública, tanto de carácter nacional como aquella que podemos impulsar desde la Región de Aysén, lo primero que muchos señalan son más programas, más inversiones y más proyectos que significan inyectar recursos en áreas en particular. Pero esta receta, además de estar agotada, es al mismo tiempo muy criticada. Seguir haciendo más de lo mismo pareciera que no dará resultado y es porque el desarrollo de un sector, hasta ahora, no siempre contribuye al desarrollo local, no contempla o más bien no considera condiciones especiales para la acción comunitaria, donde ya existe un diagnóstico claro del ranking de prioridades y también inminentes procesos de de­sarrollo que requieren de acompañamiento antes, durante y post inversión.

En particular, nuestra Región de Aysén posee características que la diferencian de otros territorios del país, en lo evidente por su irregular geografía, marcada por canales, islas, fiordos, montañas y glaciares, pero principalmente por una superficie muy extensa, donde el desafío de reducir los elevados niveles de desigualdad, se observa como algo posible y a su vez menos complejo que otras latitudes. Lo anterior debido a que el tejido social es transversal, las localidades son pequeñas y es fácil escuchar: “acá nos conocemos todos”. Entonces, de ser así, ¿por qué vemos que en nuestra región se reproducen las mismas dinámicas que en el resto del país? me refiero, a la cultura del privilegio, esa cultura que engendra profundas asimetrías de poder y de acceso a las oportunidades.

Es fundamental, en este momento, tener claridad sobre aquellos elementos que obstaculizan de manera persistente el avance en este camino de mejoramiento de las condiciones de bienestar y garantías en los diversos ámbitos del desarrollo social sin que nadie se quede atrás.

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