[OPINIÓN] ¿Cómo salimos de ésta?


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Por Claudio Díaz P. @claudio_diazp 
Periodista

La pregunta ronda los pasillos de La Moneda, del Congreso, en las marchas, en las oficinas, en las casas…

La fractura de la normalidad del país, a partir de las evasiones masivas de estudiantes secundarios en el metro de Santiago, como protesta al alza de pasajes, abrió un espiral social insospechado, al menos, para la clase política y económica del país.

Han transcurrido 10 días desde el colapso en la Región Metropolitana que dejó sin transporte subterráneo a más de 2 millones de personas que lo utilizan diariamente, con decreto de Estado de Emergencia y Toque de Queda desde el fin de semana, con vandalismo en comercios, espacios públicos, 18 muertos, miles de detenidos y marchas multitudinarias en todo el país, que este viernes desembocaron en #LaMarchaMásGrandedeChile en Santiago, con casi 2 millones de movilizados en la calle.

Sin embargo, cual obra de teatro, el «guión» ya lo conocimos previamente, en varios países de Europa, África e incluso América Latina.

Primero fue Islandia que, en 2009, con su Revolución de las Cacerolas, demostró que es posible crear un nuevo sistema político basado en la ciudadanía unida, que exija rendir cuentas a las élites. Con masivas protestas, los islandeses destituyeron al gobierno de derecha, y a su Primer Ministro para enjuiciarlo, además enfrentaron la crisis financiera sin salvar a los bancos endeudados, y optaron por asambleas para alcanzar una nueva Constitución más en línea con los intereses ciudadanos.

Sí, en la ‘Tierra del Hielo’ son poco más de 350 mil habitantes, y ese dato puede que haya dado mayor maniobrabilidad para el cambio de paradigma realizado, y permitiera un proceso “sui generis”.

Pero luego vino la “Primavera Árabe”, en 2011, que floreció inicialmente en Túnez, Egipto, Libia, Siria y Yemen, para sacudir la oligarquía y regímenes dictatoriales con décadas de tiranía, abusos y opresión, mediante violentos alzamientos en las principales ciudades del norte de África, obligando a avanzar en una democracia con derechos sociales modernos.

Estos 2 antecedentes, motivaron a los españoles a levantar con fuerza el movimiento de los “Indignados” (2011), que comenzó a gestarse en las redes sociales y luego en las calles, con el objetivo de recuperar una democracia más participativa, lejos del dominio de bancos y corporaciones.

El octubre del año pasado, fue el turno de Francia, donde se vivió la ira de los “Chalecos Amarillos” a causa de una fuerte alza en los combustibles.​ El movimiento que  se replicó en países vecinos como Bélgica, Holanda (Países Bajos), Alemania, Italia y España alegaba también la injusticia fiscal y la pérdida del poder adquisitivo clases medias y clases bajas. La ciudadanía movilizada, sin voceros reconocibles y de carácter espontánea y transversal exigió la renuncia del Presidente Macron o la organización de un Referendo Ciudadano.

Hace 3 semanas Ecuador vivió su “indignación”, desatándose una grave crisis política y económica en Quito, lo que dio pie a un Estado de Excepción para enfrentar las intensas protestas por la eliminación de los subsidios a los combustibles y otras medidas impuestas a esa nación, conocidas como el “paquetazo”.

Entonces, ¿Cómo salimos de esta en Chile?

¿A la islandesa, sacando el gobierno, enjuiciando al mandatario y “fraguando” una nueva Constitución?

¿A la árabe, derrocando violentamente a los tiranos corruptos que por décadas se mantuvieron en el poder?

¿O a la europea, negociando masivamente con el gobierno y abriendo un gran debate nacional, creando de paso nuevos partidos con líderes ciudadanos…? Aun no lo descubrimos…

Pero no olvidemos que la madre de las revueltas, la Revolución Francesa, también surgió con un pueblo aquejado por la economía adversa que empobrecía, cada vez, más al vulgo y a la burguesía, mientras Luis XVI, se daba a la gran vida opulenta y en abundancia en Versailles.

En aquella época, fue el trigo el detonante que por las exiguas cosechas, y los altos impuestos para transportarlo y comerciarlo, impactó en la alimentación básica de los galos, y la disponibilidad del pan.

Días previos a la Revolución, el pueblo hambriento se subleva, saquea las panaderías e incendia los puestos aduaneros para dejar que llegue la materia prima del alimento básico de la Humanidad. Tras el alzamiento popular, se crea la primera Asamblea Constituyente del Pueblo.

Por eso, el estallido social en Chile no es algo inesperado, es más bien algo resistido por los “nobles” de nuestra época, y lo único claro hasta hoy es que es la forma de advertir a las élites que nuestra ira contra la injusticia sigue intacta, que la dictadura del mercado, el maltrato a las clases medias, a los indígenas, a los inmigrantes, ya no es tolerada, ni puede seguir desatendida.

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