[OPINIÓN] Cuando toleramos la intolerancia…


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Por Claudio Díaz P. @claudio_diazp 
Periodista

Polette Vega entra a la sala de clases, y casi al instante algunos compañeres la comienzan a agredir. Primero, verbalmente, y luego de increparla con extrema dureza, llegan a lanzarle una botella de agua, con el firme objetivo de expulsarla del aula …simplemente por no compartir su pensamiento político.

Polette Vega Garrido es estudiante de Trabajo Social en la Universidad de Chile y fue noticia esta semana, por recibir esta inexplicable agresión por el hecho de pensar como militante del colectivo “Centro Derecha Universitaria” (CDU).

El Gobierno condenó el hecho, los parlamentarios transversalmente rechazaron el ataque, la Superintendencia de Educación Superior intervino en el caso, pero la alumna de 21 años no ha vuelto nuevamente a clases e incluso su facultad le ofreció un plan “alternativo” de estudios, para que NO tenga que concurrir al campus universitario (¿¡!?).

Por eso, el problema de fondo es cómo logramos que sin compartir una misma posición política, religiosa, económica o social, podamos convivir civilizadamente en la misma sala, en el mismo espacio laboral, académico, familiar o público.

¿Pueden participar en una misma sala los seguidores de Greta Thunberg y los que la critican?

¿Pueden hablar de fútbol en un bar hinchas del «Colo» y la «Chile»?

¿Podemos tomarnos un café quienes discutimos desde distintas ópticas el No + AFP, las 40 horas laborales, los derechos de agua, los pro represas y los antirrepresas?

Claro que si. Porque no se trata de acallar una crítica o dejar de tener un punto de vista propio y defenderlo, hablamos de cuando estas expresiones totalmente legitimas se convierten en actos de violencia, que hoy vemos a diario también en la clase política, en las redes sociales …y en universidades. Especialmente, en el caso de las universidades, que se precian de ser espacios de construcción de la República, donde el pensamiento diverso y tolerante supone la base de la construcción del conocimiento y la convivencia nacional, pero que en ocasiones, desde los más altos niveles académicos se predispone el sesgo y el prejuicio irracional.

El caso de Vega puede ser hasta sui generis, porque se ha resaltado su cambio de “frente” a nivel político, pues la joven ingresó a la universidad con ideales de izquierda, los que con el tiempo dejó para transitar hacia la derecha, llegando hoy a ser la Secretaria General de la Centro Derecha Universitaria de la Universidad de Chile.

¿Justifica ello el que sea objeto de hostigamientos y agresiones? En lo absoluto. Cambiar de opinión o posición también es un derecho tácito a ejercer, nadie está obligado a defender en lo que no cree o ha dejado de creer.

Es evidente que cuando la sociedad no se esfuerza por impulsar una disposición colectiva de respeto a los derechos de todos, se pone en riesgo la convivencia política. Y ya sabemos en qué termina la intolerancia política, la represión a quienes piensan diferente y la falta de libertad de expresión cuando se imponen y normalizan… se termina en la tolerancia a la intolerancia.

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