[OPINIÓN] El derecho humano “a salir” …y a “entrar”

Por Claudio Díaz P. @claudio_diazp 
Periodista


Hace 80 años, el 3 de septiembre de 1939, el Winnipeg, un viejo carguero francés, atracaba en Valparaíso, tras un mes de travesía por el Atlántico y el Pacífico. Su carga: 2 mil 200 ciudadanos españoles “republicanos” que arrancaban de la guerra civil desatada por el dictador Francisco Franco.

La historia es conocida… el cónsul delegado de Chile en España quien arrendó la embarcación, sería una década más tarde el primer Premio Nobel de Literatura para Chile, el vate Pablo Neruda.

Gobernaba, en Chile, por esos años el Frente Popular, con el radical Pedro Aguirre Cerda en la Presidencia, quien vislumbró el que muchos de esos extranjeros peninsulares, afincados a Chile serían un gran aporte al desarrollo del país, así como sus posteriores generaciones e incluso en la Patagonia Aysén, hasta donde también llegaron algunos viajeros y viajeras, provenientes del Winnipeg.

Pero no olvidemos que hace 5 décadas también tuvimos nuestro propio “éxodo masivo”, con miles de compatriotas dejando su tierra natal. Fue entre 1973 y 1990, cuando más de 200 mil chilenos y chilenas debieron “migrar” fuera de nuestras fronteras por razones fundamentalmente políticas, por asilo, por exoneración, por persecución, por pensar distinto, por salvar la vida… la familia. Esta migración forzada fue recibida, principalmente, por distintos países de Sudamérica y Europa.

Por ello, hoy, a 8 décadas de la llegada del Winnipeg, no deja de preocupar que la mirada en Chile sobre la migración no sea la misma…

En diciembre del año pasado, hace solo 9 meses, el Gobierno de Sebastián Piñera se restó del Pacto Mundial para la Migración, impulsado por Organización de Naciones Unidas (ONU). Así, nuestro Gobierno hizo causa común con directrices de países como EEUU e Israel, mientras el acuerdo fue firmado por 182 países en Marruecos, siguiendo la línea de la Declaración Universal de los DD.HH. y la Convención Americana que en esta materia han fijado el derecho al libre tránsito, consagrándolo como un derecho humano.

Es decir, pensemos que si en cada país, todos tenemos el “libre derecho de salir” de nuestras propias fronteras, entonces la manera lógica de ejercer este “derecho a salir”, es entender que existe un derecho intrínseco “a entrar” en otro territorio.

Sabemos que cada Estado debe resguardar los derechos humanos de todas las personas que lo habitan, pero en la actualidad estados como Chile se niegan a entender la migración como un derecho humano, y eso que hoy vivimos en un mundo globalizado, que también es un mundo lleno de amenazas totalitarias, y por eso es aún más importante que resguardemos más que las fronteras, que ese mundo sea el mundo de la de la democracia, el mundo de la solidaridad, el mundo de la libertad, el mundo de los derechos en igualdad…

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