[OPINIÓN] Admisión injusta

 


 

Por Eva Bahamonde T. @EVAGABRIELABT 
Asistente Social de profesión y oficio

 

Cuando se empezó a trabajar la reforma educacional más grande de los últimos tiempos en el gobierno de Michelle Bachelet Jeria, y se toma enserio hablar de gratuidad y fin a la selección, nos dijeron que sería una utopía que no se podía, que los colegios no se adscribirían a este nuevo sistema y recuerdo que cada lunes en el gabinete regional, esperábamos con ansias que el entonces seremi de Educación informe como iba ese proceso en esta región, con tremendo orgullo y esperanza por la equidad, igualdad y justicia social tuvimos la positiva recepción de colegios emblemáticos que sí se adscribieron a este sueño que lentamente se empezaba a hacer realidad.

 

Si entendemos la educación como un derecho, el Estado debe asegurarnos hacer uso de este pleno derecho y como resultado de ello escoger libremente el establecimiento educativo de los educandos».

 

Qué alivio para las familias el no tener que pagar mensualidad por brindar educación a sus hijos y poder elegir la escuela o colegio donde matricular a los/as niñ@s, de igual forma sea público o subvencionado sin depender del co-pago. Así comenzó el fin al lucro en la educación.

Pero hoy cuando se denomina “iniciativa” a un nuevo sistema de admisión escolar como el que propone la actual administración Piñera, una se imagina inmediatamente sinónimos como dinamismo, idea, adelanto, creación… Sin embargo, “Admisión Justa” no es más que segregación y marginación. Que los llamados “mejores estudiantes estén con los mejores”, que cada establecimiento de “excelencia”  pueda elegir con quienes quiere trabajar en formar educativamente.

Esto además de generar desconsuelo y preocupación genera desaliento. El solo hecho de pensar que las propuestas de inclusión de niñes transgénero, la ley de carrera docente, las modificaciones curriculares que fortalezcan la cultura, las artes y las ciencias, entre otras, se vean amenazadas y solo quedarán en el imaginario de los que sí creemos en la igualdad de oportunidades desde la educación. Y vemos a la educación como el motor de las transformaciones sociales, el progreso y desarrollo de las comunidades.

La iniciativa promovida por Bachelet Jeria pretendía la construcción de espacios pedagógicos sinérgicos, inclusivos y diversos, que es lo que enriquece los procesos educativos y de crecimiento ampliando el acceso y las posibilidades para todos nuestros estudiantes de desarrollar sus capacidades al máximo y, al paso, de cada cual, de eso ahora queda poco y nada.

La segregación en la educación escolar afecta los procesos educativos y al mismo tiempo al tejido social. Existen diversas clasificaciones de segregación escolar, entre las más comunes están por nivel socioeconómico, rendimiento académico y género, todas ellas dañan las pretensiones de vivir en una sociedad inclusiva, dinámica enriquecida por la diversidad.

Si entendemos la educación como un derecho, el Estado debe asegurarnos hacer uso de este pleno derecho y como resultado de ello escoger libremente el establecimiento educativo de los educandos. Ahora, la duda es la siguiente: si el colegio es de excelencia ¿por qué debe elegir a los mejores? Si ellos deberían tener la excelencia de formar con el mismo estándar de calidad, sin seleccionar. Esa sí que sería una capacidad de excelencia de dichos colegios.

Es inhumano que un niño sin acceso a libros, sin una adecuada alimentación, con un sistema de vida sin mayores posibilidades económicas, sociales o familiares tenga que surgir solo con su propia capacidad de resiliencia, sin que el Estado le asegure un piso educativo de igual característica que a otro con mayor calidad de vida y, lo peor de ello, con recursos de todos.

Para los sectores más poderosos económicamente se les hace irresistible “romantizar la pobreza” juzgar positivamente el esfuerzo de los más “vulnerables” el mérito y otra cantidad de sinónimos siúticos que no hacen más que esconder la segregación y el decir entre líneas, las oportunidades tendrás que ganártelas o simplemente disfrutarlas, dependiendo de la cuna que vengas, porque acceso universal como derecho social no te corresponde.

 

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