COLUMNA EPD: «Las Primarias son el primer paso…»

 

No sirve solamente decir que la política no sirve.  En definitiva no basta con el puro y soberano pataleo, las circunstancias exigen ir más allá…

 

Por Claudio Díaz Peña (*)
cdiaz@elpatagondomingo.cl / @claudio_diazp

 

Quedan 19 días para la realización de la Primarias Presidenciales en Chile, un proceso inédito en nuestra historia republicana, y sobre el cual se ciernen dudas razonables en cuanto a la participación de la ciudadanía para ir a votar.

Hasta ahora, como es sabido, son sólo poco más de 200 mil personas las que están excluidas de estas Primarias Presidenciales, por pertenecer o ser militantes de partidos que no están entre los que respaldan a los precandidatos  presidenciales de la Alianza y de la Oposición.

Pero de los más de 12 millones de potenciales electores,  que podemos ejercer nuestro derecho a sufragio el próximo domingo 30 de junio en Primarias y en las elecciones del 17 de noviembre, existe incertidumbre sobre cuántos iremos a votar efectivamente.. De estos 12 millones de electores,  aproximadamente unos 3 millones son jóvenes entre 18 y 29 años.

Fijese que en 1988 estaban inscritos más de 2 millones 676 mil jovenes, que representaban más que hoy, alcanzado un 36% del padrón electoral total.   20 años después, en 2008, los jóvenes inscritos alcanzaban sólo a 690 mil, una caída que representó un magro 8% del padrón electoral total. Si bien, hoy con la nueva ley de inscripción automática y voto voluntario estamos nuevamente con un 27% de jóvenes inscritos en el sistema –de manera automática- ello no garantiza la participación.

Participar, en su raíz viene de tomar “parte” en algo…  Participar, entonces, no es solo marchar y gritar en las calles que se necesita un cambio en el sistema educacional, un cambio en sistema de salud, un cambio hacia una nueva constitución. Sí, es legítimo y necesario. Pero lo que intrínsecamente estamos pidiendo al movilizarnos: es espacio para participar, para también «ser parte de», un espacio en que sectores mayoritarios se sienten excluidos, y que los jóvenes han tomado como bandera para enfrentar el actual sistema.

 

 

Cada uno de estos cambios demandan participación efectiva. Y no hay que confundir hoy -como muchos lo hacen-  participar -para un cambio efectivo- con exclusivamente salir a marchar a las calles levantando pancartas, haciendo sesudos comentarios en Facebook, análisis a escala Twitter,  o subiendo un simpático video a Youtube. ¿Sirve esto? Ciertamente que si, claro que si. Pero decir o pensar que ésta es la participación para «el cambio» es un error tan evidente, como la misma necesidad de cambio.

Y es que poder re-componer el sistema requiere un compromiso presencial,  que debe seguir a la movilización, y eso implica votar. Es la forma de participación más clásica, pero el inicio de un cambio efectivo.

Gobernar en democracia consiste en que  quien toma medidas debe hacerlo, en base a la voluntad de los miembros de la sociedad, y ahí el voto es clave. No es entendible que tras organizarse a nivel ciudadano, movilizarse, y exigir cambios, luego digamos “yo no voto”.

Si queremos cambiar el sistema, cambiar el modelo, romper el molde y levantar uno nuevo… se hace fundamental que incluso con inscripción automática y voto voluntario, demos después de la manifestación social,  la señal política  de ese cambio, y el voto –especialmente el de los jóvenes- es fundamental.

Nos guste o no,  la elección es una forma comprometida de participar en el mejoramiento de nuestra democracia, no basta sólo con el posteo, con el tuiteo, con la funa. Si tenemos la convicción que la educación es un derecho social, que la salud es un derecho social, que el medioambiente es un derecho social, tenemos que convencernos además que la participación efectiva también es un derecho social, pero lo es en la medida en que la validamos, en la medida en que la fortalecemos nosotros mismos.

No sirve solamente decir que la política no sirve.  En definitiva no basta con el puro y soberano pataleo, las circunstancias exigen ir más allá…

Puede ser  majadero recordarlo, pero es muy probable que quienes no sobrepasan los 25 ó 30 años, esa generación que puso en la agenda publica el fin al lucro y ahora la necesidad de asamblea constituyente; aunque conocen la historia de la dictadura y del Plebiscito de 1988, no cuentan en su ADN con la convicción que votando en las urnas se logra lo que no logra la pura manifestación de descontento. Sino, recuerde: vía institucional y a través del voto,  fue posible detener la dictadura, recuperar la democracia, y llegar a este punto en que hoy, cada una y cada uno, tenemos el poder para decidir qué camino, tomará nuestra democracia…

 

 

 

 

(*) Es Periodista y Director de Contenidos de EPD Comunicaciones Ltda.

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