Martes 5 de julio 2011 – Columna de Claudio Díaz P.

Gobernar no es anunciar ni competir

Por Claudio Díaz Peña
cdiaz@elpatagondomingo.cl

Escucha Despues D – Martes 5 de julio 2011

Como toda actividad humana la política es imperfecta, por tanto, podemos concluir inmediatamente que no hay político, partido, gobernante o programa de gobierno perfecto. Y es que aunque conscientes de esta realidad, la mayoría siempre nos vemos atrapados por los discursos políticos en que es muy frecuente escuchar y ver anuncios perfectos, palabra por palabra, y donde la clase política nos hace pensar que tiene la razón absoluta para cada problema, la panacea para el desarrollo ansiado, y la solución definitiva para el problema que aflige o preocupa en ese instante a la opinión pública.

Gran parte de toda esta ilusión óptica se diluye cuando desde el poder hay que cumplir con esos anuncios y discursos. Es un ciclo habitual: cuando se trata de «bajar a la praxis» la retórica, las promesas quedan atrás, las expectativas bajan, la ciudadanía queda en segundo o tercer plano y la realidad vuelve a su centro gravitacional, imponiéndose sin pudores ni finezas.

Por eso vale la pena aclarar que saber gobernar es la acción de guiar y dirigir, pero para ello es necesario vincularse, de verdad, con los gobernados. Sin duda, podemos hacer una larga lista de atributos indispensables que debe ofrecer un gobernante, o mejor dicho, un buen gobernante, aunque entre ellos debe estar inevitablemente la capacidad de “hacer política”, es decir, de saber hacer acuerdos, saber sumar, y estimar las reales posibilidades que una decisión tiene para el bien común de un país.

Los griegos hace ya muchas centurias establecieron lo que denominaban “virtudes cardinales”, a saber, la prudencia, fortaleza, templanza y justicia. Así, Platón señalaba que la prudencia deviene del ejercicio de la razón, la fortaleza de ejercer las emociones y el espíritu, la templanza de dejar que la razón anule los deseos y la justicia de saber poner cada elemento de acuerdo con los otros.

El saber gobernar no tiene necesariamente relación con anunciar más o anunciar menos, tampoco con mejorar en las encuestas o competir con un sector político o social. Gobernar en lo más básico tiene que ver –dese el ámbito ciudadano- con resolver los problemas de una comunidad, implica ser capaz de reconocer a los otros y sus causas.

No hay peor gobernante que el que desprecia a sus interlocutores y relega a todo aquel que piensa distinto. Muy por el contrario, Gobernar tiene que ver con conciliar diferentes grupos y movilizar colectivos socialmente diferentes en función de una idea país. Para ello es necesario pensar en lo que esperan las próximas generaciones y no lo que se espera en las próximas elecciones.

Un gobierno -cual caballo- se debe conducir con sabiduría, sabiendo manejar las riendas del poder político, apurando el tranco para correr lo suficiente y en la dirección correcta, claro que evitando llegar al extremo peligro: desbocarse. Sin embargo, la realidad muchas veces supera a los políticos que llegan al poder, sin preparación para escuchar o sin conocer el oficio de servir desde el Estado.

Sabemos que un país y sus ciudadanos no pueden vivir sin la política, y que la política no puede dejar de lado a los ciudadanos. Cuando ello ocurre nada bueno puede augurarse, sólo tal vez que el costo de alejar la política de los ciudadanos se paga caro y no tiene vuelta atrás…

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