COLUMNA DE OPINIÓN EPD: Por Viviana Betancourt G.

Bola de Nieve  (Aysenina) en el Horizonte…

Por Viviana Betancourt Gallegos
Abogada
columnista@elpatagondomingo.cl

Estamos cerrando un «mes histórico» y no estoy pensando en el Combate Naval de Iquique, ciertamente. Hablo de un «mes histórico» porque todo lo que se ha desencadenado, gatillado por la aprobación del Estudio de Impacto Ambiental de HidroAysén, sin duda lo es.

Hay una cosa épica en todo esto que sobrepasa los valores del ecologismo…. Una cosa socio-política que no había encontrado cauce ni voluntad de expresión suficiente y que hoy parece desbordar lo conocido. HidroAysén es relevante en todo esto. ¡Qué duda cabe! Pero no es todo. Habría que ser miope para creer que si hoy el Gobierno hiciera lo que hizo ayer en Barracones y sacara de circulación este proyecto todo volvería “a la normalidad”; y es que HidroAysén ha sido el catalizador, la gota que rebalsó el vaso de lo tolerable para una ciudadanía cansada de nuestros cálculos y de nuestras ambiciones políticas,  y HARTA de no ser escuchada por sus representantes y, menos aún, representada LEALMENTE por ellos.

Una ciudadanía que, además, encuentra en esta coyuntura una oportunidad convocante para recuperar la soberanía que en ella reside y que, (sólo) por una delegación esencialmente revocable, ejercen tanto el  Ejecutivo como el Legislativo. Recuperación de la soberanía que, lo comprendan o no, el gobierno, el parlamento y las élites de los partidos políticos, se está transformando con el paso de los días y de las incesantes marchas ciudadanas en el verdadero objetivo final de toda esta movilización ciudadana nacional.

Y es que todo el proceso de evaluación de impacto ambiental  de HidroAysén, iniciado el año 2008 y regionalmente concluido con su aprobación administrativa el 9 de mayo pasado, puso en tan violenta evidencia que una vez que votamos y elegimos a nuestros representantes (algo que en un alto porcentaje tampoco hacemos inspirados en razones y valores que nos eximan de responsabilidad sobre los resultados), éstos actúan con tanta o tan absoluta independencia de nuestra opinión y de nuestro bienestar y derechos al momento de tranzar “lo mejor para Chile…”, que es ya insoportable. Evidenció también que cuando los iluminados toman una decisión en ese  contexto “superior”, (para no revisar sus motivaciones e intereses personales), el respeto a las leyes se vuelve menos que relativo, no faltando aquellos, absolutamente, dispuestos a vulnerarlas y sí, en cambio, legisladores dispuestos a mejorarlas substancialmente.

En otras palabras: leyes malas, que ni aún en la mínima expresión del deber ser que representan son acatadas; miles de opiniones y observaciones ciudadanas, muchas basadas en antecedentes serios y precedentes graves, a las que se hace despectivamente oídos sordos; una vocación regional y territorial cuya definición fue promovida desde nuestra administración y que hoy no parece pesar nada. Y todo ello en función de garantizar un determinado crecimiento futuro del que demasiado pocos quizás se benefician.

Si finalmente, sumamos que quien está circunstancialmente al frente hoy es la derecha, sector con el que una ciudadanía mayoritaria no se siente identificado en Chile, la catarsis, la manifestación de la frustración y el descontento, la ira y a ratos la odiosidad, se vuelven una impensable bola de nieve…  Una bola de nieve  surgida desde lo más profundo de la Patagonia aysenina y del país en su conjunto, cuyos efectos institucionales pueden llegar a alcanzar dimensiones impresionantes.

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