Crónica Después D – Martes 1 de Febrero 2011

Creer para confiar

Por Jorge Díaz Guzmán

Credibilidad y  confianza son 2 conceptos de los cuales se habla con bastante más frecuencia en estos días.

Credibilidad son los componentes objetivos y subjetivos que definen la capacidad de ser creído de una fuente o mensaje.

Tradicionalmente, la Credibilidad genera en las personas una segunda disposición sicológica, esto es la capacidad de generar Confianza, que también hoy se mide en las encuestas de opinión… pero cada uno de nosotros otorga mayor o menor confianza, dependiendo de lo que esperamos de la conducta futura de los demás. Así, entonces, la Confianza es una actitud que tiene que ver con el futuro, y por eso la Confianza se “deposita” en otro como si fuese una cuenta de ahorro ‘a futuro’, donde muchas veces -con el tiempo- se incrementa la confianza, pero en otras oportunidades terminamos perdiendo el capital de confianza “ahorrado”  en algo o en alguien.

Estos 2 elementos, Credibilidad y Confianza, son los que de alguna manera la gente manifiesta en diversos estudios de opinión, como importantes para creer en la cosa pública, en aquellos que representando alguna idea de cómo hacer las cosas en las diversas instancias de poder, se les manifiesta su adhesión.

Hoy en todo el mundo occidental se le pide a quienes ostentan el poder que generen, con hechos concretos, los mejores niveles de credibilidad y confianza en los ciudadanos. La política y el poder se sustentan fundamentalmente en estos dos términos, y quienes no son capaces de colocarlos como estándar mínimo para ejercer el poder, rápidamente caen en su aprobación ciudadana.

Hoy toda institución que quiera influir en la opinión pública debe trabajar la Credibilidad, debe demostrar con hechos concretos que es creíble, ya que  la Credibilidad va de la mano con la verdad, debido a que si una persona posee credibilidad quiere decir que no se le ha visto involucrado o juzgado por alguna mentira de ella.

A mayor cantidad de temas «dudosos» la credibilidad irá disminuyendo paulatinamente y con ello la confianza, que en política se llama fe pública. Por eso la preocupación, que ha tenido por ejemplo, la iglesia católica en torno a los abusos de menores, que han cometido algunos sacerdotes, es el propio Papa que  encabeza acciones de denunciar este tipo de actos y el Vaticano  implementa una ofensiva comunicacional para recuperar la credibilidad en el clero y confianza en sus Dignatarios.

Por eso, más allá de los éxitos económicos que hoy se exhiben en Chile, que son objetivos y concretos en los últimos 30 años, lo que preocupa o debiera preocupar a quienes ejercen los poderes del Estado,  es la percepción que tienen de ellos los ciudadanos. Desgraciadamente los chilenos tenemos una baja valorización de algunas instituciones fundamentales, precisamente por la baja percepción de Credibilidad y confianza. Un indicador reciente, al 44 % de los ciudadanos no le genera confianza el Presidente de República (CEP dic. 2010), lo propio ocurre con los diputados y senadores, con la administración de justicia y con las grandes empresas.

Sin duda, entonces, la tarea que tenemos como sociedad es demostrarnos mayores niveles de credibilidad y confianza, si no es así, el indicador que señala que el bienestar propio y de la familia depende exclusivamente de la iniciativa personal…al margen del entorno social y de las instituciones…

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