El Caso de Elvin Altamirano, fusilado en 1973

Por Luis Avendaño M./ Desde Puerto Aysén

   Casado con Lidia Fuentes y padres de 5 hijos, Elvin Altamirano Monje dividía su tiempo entre el campo y sus labores como regidor de la comuna de Cisnes. Eso, hasta que el golpe de Estado cambió la vida de muchos chilenos, incluido algunos ayseninos. “Carabineros de Puerto Cisnes lo llevaron de una casa de un hermano de él en Puyuhuapi”, cuenta su hija Juanita.

   Pero Altamirano no fue el único detenido el 22 de septiembre de 1973. Junto a otras 5 personas de Puyuhuapi fueron trasladados a la Tenencia de Puerto Cisnes y posteriormente llevados en barco hasta Puerto Aysén, para finalmente ser destinados a la entonces comisaría de dicha ciudad.

   Sus compañeros fueron dejados en libertad, mientras que el ex regidor de Cisnes siguió detenido. “Nunca se quiso entregar, la gente comenta que le ofrecían escapar antes de ser detenido, pero él dijo ‘prefiero morir por mi gente’. Si se hubiese ablandado un poco lo podrían haber soltado, como varios lo hicieron”, cree Juanita Altamirano, que con sus cortos 4 años de edad supo del viaje de su madre a Puerto Aysén. El último antes de su fallecimiento.

   El 16 de octubre el diario La Prensa Austral de Punta Arenas anunciaba, “Ultimado en Aysén ex regidor del P.S que emprendía fuga”. Versión entregada por la dictadura que intentaba encubrir la ejecución concretada 4 días antes en la Comisaría de aquella ciudad. Situación que sería aclarada con el regreso a la democracia. “No fue fuga, los compañeros que estaban con él lo vieron muerto en la misma Comisaría. Si se hubiese querido fugar lo hubiese hecho en Puyuhuapi, antes que lo fuesen a buscar”, asegura su hija.

   El Informe Rettig aportó más antecedentes, “no resulta verosímil que el afectado haya intentado fugarse, si se considera la condición física en que se hallaba luego de casi un mes de privación de libertad y de haber sido sometido a graves apremios, según testimonios confiables recibidos por la Comisión.  Ello, sumado a las fuertes medidas de seguridad con las que se realizaban los traslados de los detenidos”.

Elvin Altamirano Monje

   Así terminaba la vida de este agricultor de 34 años de edad, “siempre trabajó por los más débiles. Me siento orgullosa de él por todo lo que pudo brindar por la gente que necesita, murió con sus ideales”, indica orgullosa su hija Juanita

   Sentimiento que la ha hecho seguir de cerca el caso que aún se mantiene en curso en la justicia. “yo me hice cargo sola, el resto de mi familia tiene miedo”, cuenta. Es que aún no olvidan lo que debieron vivir. “La vida de nosotros (luego de la muerte de su padre) cambió mucho. Por ejemplo no podíamos ni entrar a un hospital, porque siempre éramos los Altamirano, hijos de… Carabineros seguía llegando a la casa, siempre estuvimos bajo la presión de ellos”, agrega.

Sin odio ni revanchas

    “Altamirano, regresa por mi voz y todas las voces del pueblo; De las madres, de los hijos y hermanos. Altamirano regresa por tantos caídos…”, señala parte del poema que el escritor Gustavo Cáceres le dedicó al ejecutado político Elvin Altamirano Monje. Con ese mismo objetivo, devolverlo a la memoria de los ayseninos, un grupo de ex presos políticos y sus familiares decidieron bautizar su organización social y cultural con el nombre del ex regidor de la comuna de Cisnes. “Es un tema simbólico porque lo mataron acá. En su persona representamos a toda nuestra gente que fue detenida o torturada”, cuenta su presidenta, Yasna Jara.

   Sin odio ni revanchismo, como se apuran en aclarar sus integrantes, la Agrupación Social y Cultural Elvin Altamirano Monje pretende que las nuevas generaciones sepan lo que ocurrió en Puerto Aysén durante la dictadura, “sin dar nombres y apellidos de quienes torturaron, pero sí dando el nombre de quienes fueron detenidos,  para que más que víctimas se sientan orgullosos que si pasaron por todos estos vejámenes es porque los identificaron con un sueño de una sociedad más justa para todos” asegura Jara.

   Ilusión que hace 37 años tenía el propio Altamirano. Ganas que pudieron llevarles a cometer errores, según reconoce Yasna Jara. Sin embargo, “no justificamos el uso de la fuerza desmedida. Nuestros compañeros estaban en desmedro”, señala.

Casos en Puerto Aysén

   También producto de la represión ejercida por agentes del Estado, el 2 de octubre de 1973, Julio Cárcamo Rodríguez y Sergio Alvarado Vargas fueron ejecutados en la Comisaría de Carabineros de Puerto Aysén. Tres años después, una patrulla de militares ultimó a Moisés Ayanao Montoya en el km. 26 ruta Aysén-Coyhaique, sector Los Torreones.  Mientras que en 1986, Rubén Antimán Nahuelquín fallece en el Hospital Regional de Coyhaique, luego de recibir una golpiza por parte de Carabineros de Puerto Aysén.

   Antecedentes que la entonces coordinadora regional de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Ninón Neira Vera, ayudó a recolectar. Pero junto a estos dramáticos sucesos, también recuerda otro hecho ligado a Puerto Aysén, “Mireya Baltra (diputada comunista) llegó relegada a Puerto Aysén. Como Comisión la fuimos a instalar, nadie la recibía. Estaba cerrado el Hotel Aysén y se abrió para ella. Era la única huésped. Un militar se instaló en la habitación de al lado. Nos seguía a todos lados”, asegura.

2 comentarios en «El Caso de Elvin Altamirano, fusilado en 1973»

  • el 12 septiembre, 2010 a las 21:06
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    Periodista, Luis Avendaño, interesante en gran medida, pero faltó más fuerza historica – valorica, lo ocurrido en el gobierno de facto no tiene parangon en nuestra america por su crueldad maligna y despiadada, la suavidad no siempre es sinonimo de cultura…, ademas es importante haber nombrado a la directiva de la Agrupacion Social yCultura de D.D.H.H. Elvin Altamirano Monje «la historia nefasta por violación a los D.D.H.H.», no puede pasar como una brisa en primavera…

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  • el 14 septiembre, 2010 a las 22:36
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    Me parece necesario aclarar que Ninón Neira Vera, es fundadora de la Comisión Chilena de Derechos Humanos en la Región de Aysén, en 1985, la otra, conocida como Comisión Nacional, fué un invento del dictador Pinochet para encubrir sus crimenes.

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