Mitos y verdades del agua que todos bebemos

El pasado 28 de julio la ONU declaró el acceso al agua potable como un derecho humano, medida muy significativa, especialmente, para lugares donde el recurso escasea. Aysén por su parte, pese a contar con aguas prístinas y en abundancia posee uno de los servicios de potabilidad más caros del país, sujetos a una normativa que adhiere flúor, compuesto que en mucha partes del mundo ha dejado de incluirse al vital elemento.

Por Nicolas Siriany G.
Fotos: Agencia Imágenes de la Patagonia

   Exquisito privilegio es el acercarse a la pureza de un arroyo de la Patagonia y beber un poco de él, una vez que este recoge sales minerales en su viaje, desde su naciente hasta nuestras bocas. Así el agua sacia nuestra sed, hidratándonos, haciéndonos sentir más vivos y sanos que nunca.

   Es indispensable para la vida. No es casualidad que al nacer, 3/4 partes de nuestro cuerpo estén conformadas por agua, misma proporción que posee nuestro planeta, pese a que el 96,5 % de las mismas pertenezcan a los océanos, es decir, estén salinizadas.

   No es una cifra menor. El agua dulce es escasa en nuestro planeta, más aún cuando hablamos de su potabilización. La Región de Aysén, no sólo es una reserva mundial de este elemento, ya que cuenta con los campos de hielo, sus glaciares, enormes lagos y ríos caudalosos, sino que además en forma activa el agua que se bebe en los hogares de la Patagonia es de gran calidad para quien la ingiere abriendo la llave.

   Pero el agua que bebemos, ¿es la misma que vemos correr transparente por la vertiente? No exactamente. Tal vez en el campo o algunos lugares alejados de lo centros urbanos así lo sea. Lo concreto es que como la legislación chilena lo indica, los servicios de agua potable de carácter urbanos son desde hace ya varios años, concesionados a la empresa privada quien es la encargada de cumplir con los estándares de calidad que presenta la actual normativa y por lo tanto debe tratar las aguas. Por otra parte, en el plano rural es el ministerio de Obras Públicas el que lleva los procesos relacionados a la potabilidad del recurso.

Aguas de la ciudad

   Aguas Patagonia de Aysén S. A. es quien posee la concesión en la región suministrando y tratando las aguas. Esta empresa, presta sus servicios a 8 localidades en 2 grupos: Coyhaique, Balmaceda y Puerto Ingeniero Ibáñez, con una tarifa para los consumidores y Puerto Aysén, Puerto Cisnes, Puerto Chacabuco, Chile Chico y Cochrane con costos menores en comparación al grupo anterior. 

   La captación de las aguas en estas localidades, a diferencia de la zona norte de nuestro país (subterráneas) son de carácter superficial, todas extraídas desde arroyos o ríos, salvo el caso de Chile Chico, cuya captación se realiza desde el Lago General Carrera. 

   Éstas se recogen gravitacionalmente, hasta conducir el agua a una planta de tratamiento, donde es sometida a procesos de filtrado y decantación. Luego se le añade cloro para la desinfección, evitando las enfermedades gastrointestinales, sulfato de aluminio o cloruro férrico para decantar la materia y para que el agua pierda turbiedad (tratamiento que recibe sólo en Coyhaique), y por último flúor, como resultado de una ordenanza a nivel país a modo de prevenir la aparición de caries en la población.  

Entre las más caras

   “Aquí el agua es más costosa y se produce un contra sentido, porque esta es una región donde abunda el agua, sin embargo, producir agua potable tiene costos que deben ser distribuidos o asumidos por una cantidad de población mucho menor, el tratamiento también es costoso, entonces sin duda el precio del agua es más alto en relación a otras regiones donde hay mucha más gente”, nos cuenta Paul Shulz, gerente comercial de la empresa Aguas Patagonia de Aysén. 

   En Coyhaique se pagan $ 25 mil 230 en promedio, por 15 metros cúbicos de consumo, siendo la tercera ciudad con el agua más cara del país, según lo constata el informe del año 2009 de la Superintendencia de Servicios Sanitarios (SSIS), organismo encargado de fiscalizar tanto la calidad, como los valores del servicio. Pese a contar con un producto de alta calidad, los cerca de 24 mil 248 clientes de la empresa que posee la concesión del suministro de agua en la región, pagan una de las aguas de más alto precio en Chile, situación que provoca la mayoría de los reclamos tanto hacia la Superintendencia como a la misma Aguas Patagonia.

   Giovanni Queirolo, jefe de la oficina regional de la SSIS, se refiere a las variables que provoca este fenómeno. “Es baja la población por lo tanto para los costos que involucra todo el proceso en general la distribución por cada familia o por cada arranque de agua potable es más caro”. Las tarifas no responderían entonces a que exista escasez del agua, tampoco a que ésta sea de mala calidad y tenga que ser sometida a costosos procesos de potabilización, ya que la región cuenta con un recurso abundante y de calidad.

   Son la suma de estas variables: captación, tratamiento y distribución, entre pocos habitantes lo que explicaría que contemos con cuentas altas de consumo, a lo que Shulz comenta, “sin duda lo que más resiente la gente en la región es el costo del agua, yo creo que eso afecta poderosamente la percepción que tiene los clientes de la empresa, existe la idea de que aquí ganamos mucha plata, pero la verdad que esto no es tan real, hoy día hay muchos costos asociados a producir agua”.

¿Aliado o enemigo?

   El agua que se bebe en la Región de Aysén, debido a su alta pureza, sólo debe ser tratada levemente. Pero, por lo visto, también recibe productos químicos que, según la normativa vigente, en sus dosis establecidas no producen daño a la salud humana.

   Muchos piensan que la herramienta del flúor en el agua es uno de los métodos más efectivos para la prevención de caries en el mundo, debido a su capacidad de alcance y costos reducidos. Sin embargo, esto es cuestionado por algunos sectores de la sociedad.

   María Verónica Godoy, asesora odontológica y encargada del programa de Fluoración del Agua Potable de la Seremi de Salud Aysén, nos cuenta que la inclusión del fluoruro en el elemento, es una de las principales causales de la disminución de caries en el tiempo y es considerada a nivel mundial como la mejor medida para la prevención de caries.

   Al igual que los dentríficos o pasta de dientes que suelen llevar el flúor dentro de sus componentes, en el agua es conocido el beneficio del flúor contra las caries, además de evitar el crecimiento de las bacterias que desarrollan el sarro. También puede ayudar cuando hay un déficit, junto al calcio y la vitamina D, a tratar la osteoporosis y a solidificar los huesos.

   Pero, además, es sabido que este compuesto en altas concentraciones, puede resultar sumamente tóxico para la salud humana y provocar incluso la denominada Fluorosis que provoca el efecto opuesto, debilitando el esmalte de los dientes, restando también fortaleza a nuestros  huesos, lo que a su vez genera caries y descalcificación.

   Lo concreto es que en algunas latitudes de nuestro país se ha decidido por no fluorar el agua debido a los posibles riesgos que este compuesto puede conllevar a la salud humana. Este es el caso de la Región del Bío Bío, único lugar del país donde el agua potable no contiene el compuesto, ya que luego de investigar el tema, en el año 2007 se recolectaron firmas, las que frenaron la implementación del sistema en una acción ciudadana histórica para el país ya que confrontó una decisión a nivel central.   

   Otto Weitnert, destacado químico farmacéutico que luchó firmemente para que el flúor no fuera añadido en Concepción, considera que “el flúor es tóxico y, a diferencia del que se encuentra naturalmente en los alimentos, el que se quiere añadir al agua corresponde al hexaflurosilicato de calcio, un residuo de las industrias que elaboran abonos o fabrican aluminio”.

   Lo que ocurrió en la Región del Bío Bío es un precedente, ya que organizaciones junto con gremios de la salud, instituciones académicas, científicos y profesionales, promovieron agregar flúor en forma focalizada a la leche, y/o a la alimentación complementaria que el Estado entrega a los niños más pobres, reduciendo costos y posibles impactos en salud y medioambiente, medida que en parte fue recibida y aplicada por el gobierno chileno.

   Si bien, la discusión a nivel nacional e internacional ha manifestado diferentes visiones respecto a la pertinencia de la fluoración del agua potable, la asesora odontológica de la Sermi Salud Aysén, María Verónica Godoy señala que “en la octava región efectivamente hay un fuerte movimiento ambientalista en que respaldan más que nada la no aplicación del flúor en el agua potable, por los efectos tóxicos que pudiese tener el éste, pero como te explicaba eso es en altas concentraciones que están muy por sobre lo que se utiliza para fluorar el agua potable. En las concentraciones que se ocupan actualmente no causan absolutamente ningún daño, solamente beneficios en cuanto a la prevención de caries. Es más que nada un consenso político, pero es la única región en el país que no tiene fluoración de agua potable”.

Países en retirada

   Si del plano local pasamos al internacional, en países del primer mundo que no tienen los problemas de la salud bucal como en otras partes del globo, podemos constatar que se marca una definida tendencia a dejar atrás la fluoración del agua potable. Alemania y Holanda la declararon ilegal pues el flúor está incluido en su lista de microcontaminantes tóxicos. En Francia, no está dentro de los químicos que se le introduce al agua por consideraciones éticas y médicas, mientras que en Canadá, la Corte Suprema no autorizó introducir peligrosos tóxicos al suministro de agua potable. En Bélgica en tanto, este tratamiento de agua fue suspendido por la alta toxicidad del flúor, además de retirar de circulación productos que contienen el compuesto, y Luxemburgo nunca lo ha añadido a los abastecimientos del agua. Los casos continúan. En Noruega desde hace 20 años se discutió fuertemente el tema y se resolvió que era “inapropiado” para la salud fluorar el agua. Tampoco fluoran el agua Suecia, Holanda, Irlanda del Norte, Austria y República Checa, entre otros.

   El Estado chileno, desde el año 1995 comenzó con su plan de fluoración de las aguas el que está instalado a lo largo de todo el país, salvo en la Región del Bío Bío, donde parte de la población logró oponerse a que esto no sucediera.

Ni tan pura, ni tan accesible

   Algunas definiciones más rigurosas entienden al agua potable como aquel recurso que puede ser consumido sin restricción, cumpliendo con normas de calidad consensuadas. Contradictoria definición, cuando hablamos de servicio por el que hay que pagar para ser consumido. Según datos entregados por el Banco Mundial, en el mundo el 45% de la población no cuenta con acceso directo al agua potable. 

   Es un tema delicado, ya que en otras partes del mundo donde el agua es escasa, muchas veces se bebe de lugares que no cuentan con las condiciones de saneamiento necesarias. Y esto tiene fatales consecuencias, por ejemplo, el último informe emitido el presente año por la Organización Mundial de la Salud señala, que una de las enfermedades más comunes transmitidas a través del agua son las diarreicas. Datos duros y no muy agradables: este tipo de padecimientos tienen una incidencia anual de cerca de 4 mil 600 millones de episodios, y causa cerca de 1,8 millones de defunciones cada año, siendo los más afectados lo niños menores de 5 años.

   Vivimos en un lugar del mundo donde el elemento corre libre y abundante, pese a que por estas latitudes cueste bastante dinero poseer un servicio de agua potable. Además es, sin duda, uno de los de mejor calidad, con índices de purezas del más alto nivel en el planeta. Vale la pena, entonces, informarse sobre qué estamos consumiendo, más aún si estamos hablando del acceso al agua potable y el saneamiento declarado recientemente por las Naciones Unidas (ONU), como derecho humano esencial para el pleno disfrute de la vida y el resto de los derechos de los seres humanos.

El Flúor en Aysén

   Según la normativa chilena la concentración diaria de flúor no puede ser mayor de 1,5 miligramos por litro. Para la región, en tanto, tenemos recomendado un rango que va entre 0.7 y 1,3 miligramos, lo que se cumple según datos aportados por la Seremi de Salud Aysén. Desde el 2008,  en mediciones diarias no se ha superado el 1,5 y de hecho más común es el descenso de la concentración del compuesto, debido al aumento de los caudales.

3 comentarios en «Mitos y verdades del agua que todos bebemos»

  • el 17 diciembre, 2010 a las 17:36
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    Hasta cuando Fluor S.A. gana millones vendiendo el fluor que deberia pagar por botar

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  • el 18 enero, 2011 a las 15:39
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    Me cuesta creer como nos meten el dedo en el ojo tan fácilmente, como somos tan ingenuos.
    esta mas que claro que el flúor, es un veneno aceptado por la lista de compuestos tóxicos de Chile, compuesto retirado del comercio en muchos países y aun así nosotros lo ingerimos todos los días de forma obligatoria!!
    nos debemos parar y hacerles saber a las autoridades que no somos sus ratas de laboratorio!!

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  • el 7 febrero, 2011 a las 21:44
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    Quien maneja este toxico peligroso y comprobadamente dañino para la salud humana?Puedo apostar que lo hacen los privados y al «ojimetro». Total no pasa nada, pues como dice el Ministerio de Salud, si no mata inmediatamente no hay daño que controlar.Plop! Parece chiste, pero es dura y cruda realidad en Chile.
    TODOS los estudios en el mundo muestran el daño a largo plazo, aun en dosis menores, como el plomo, mercurio o el arsenico. Es culpable incluso de afectar al cuerpo humanos generando desordenes que propician la OBESIDAD.(No ha aumentado drasticamente la obesidad?). Que el Estado muestre los estudios de las distintas Facultades de Quimica y Farmacia hechos estos años. En la duda hay que dejar INMEDIATAMENTE de fluorar el agua porque el Gobierno tiene el deber irrenunciable de proteger la salud de la poblacion de cualquier toxico, pudiendo ser requerido incluso penalmente por su omision culpable.

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