Entrevista a Marcos Peede, de Ogana A.G.

Por Jorge Díaz Guzmán
Fotos Agencia Imágenes de la Patagonia

   Marcos Peede Maluenda, médicoveterinario, casado y con 3 hijos, es integrante de una de las familias que llegaron en los albores de la colonización de la Región de Aysén. Su abuelo, Federico Peede Bischhoffshausen, de origen inglés llegó a la zona hace ya 100 años, por eso Marcos habla con propiedad de la actividad pecuaria, señala que la actividad campesina debe ser protegida por el Estado, ya que no sólo es una actividad económica importante  a nivel nacional, sino que forma parte de la cultura e identidad de nuestra  región. Agrega además, que muchas familias han sido relevantes en sentar las  bases de la soberanía en nuestra Patagonia.

   Cuando se cumplen 100 años de la ganadería en la región Marcos Peede,  presidente de Ogana A. G.: “Como productores nos sacamos nota 4 no más” Potenciar la vocación ganadera de Aysén es parte del análisis crítico, que el  nuevo presidente de la Asociación Gremial Agrícola y Ganadera Austral  (Ogana A. G.) pone en la mesa en conversación con EPD. También reconoce que se trabaja en recuperar el otrora recinto ferial que el gremio desafectó,  brindando un “nuevo pulmón verde” a la comunidad regional. EPD conversó con el presidente de la Organización Agrícola y Ganadera de Aysén, para  saber el estado de este sector y sus proyecciones.

 ¿En qué pie esta la ganadería en Aysén?
El último censo agropecuario, señala que la ganadería en Aysén se encuentra en desarrollo, nuestra ganadería está creciendo, pero sólo en el sector bovino, en cambio la masa ovina decreció, por tanto tenemos sentimientos  encontrados. Esto demuestra de alguna manera, que aquí se hizo un gran esfuerzo por parte del Estado, nosotros hicimos una apuesta y los resultados no son los esperados.

¿A qué se debe ese fenómeno?
Hay muchos factores que inciden en este resultado. Primero hay diversos  sectores que se reconvirtieron de la producción ovina a la bovina, por la  fragilidad que ha tenido en el último tiempo la producción ovina, a  consecuencia del crecimiento de la depredación en nuestros campos.

Hoy la especie ovina, y yo lo digo a quien me quiera escuchar, ha aprendido a  viajar en camioneta, en taxis, al hombro y en diversos medios que termina en abigeato, los daños por este concepto a los productores es enorme y eso  desincentiva el negocio, esa es una realidad y hay que decirlo con fuerza. A esto hay que agregar los depredadores naturales como el zorro, el puma y  algunas aves de rapiña, ambas acciones hacen muy vulnerable la masa y los pobladores van cambiando su producción, no obstante, que la producción  ovina, técnicamente, sin el factor merma, debiera ser mucho más eficiente en la región. Es más interesante como negocio, pero obstaculizado por el abigeato.             
   Obviamente hay sectores, que por las características de los campos, esa  reconversión de ovino a bovino no es posible, como toda el área esteparia u  oriental de la región.

Ahora si tuviéramos que definir la vocación de los predios,  propósito de su comentario, ¿existe en la región más espacio para que crezca la masa ganadera?

Todos los estudios técnicos que conocemos, nos señalan que mejorando algunas prácticas productivas, manejo predial, mayor producción de forraje, etc., nosotros podríamos a lo menos, doblar la producción pecuaria y, con eso, romper esa barrera que nos tiene estancado el negocio pecuario, nuestra producción debe ser lo suficientemente interesante para echar a andar una  industria de la carne, ponerle valor agregado a nuestra producción.

   Hoy con todas las dificultades, sin planta faenadora, falta de transporte  adecuado y mercado restringido, lo que hacemos es más usar táctica que técnica productiva. Es decir, conjugar la falta de planta y carencia de  transporte, alargando artificialmente el ciclo productivo.  Lo que se hace, es que  por la falta de camiones ganaderos, por ejemplo, el animal pase 2 ciclos en el  campo. Lo que hace el productor es muy ineficiente desde el punto de vista  productivo, pero se ve obligado a ello, por la falta de transporte adecuado y en  el periodo que se requiere.

   Hoy, no más del 20% del ganado en condiciones de ser faenado, se despacha a faena o sale de la región, el saldo se retiene a la espera de un  nuevo ciclo, que nosotros lo iniciamos de diciembre en adelante.

   Por eso sostenemos, que una vez que tengamos una planta que faene la  carne en Aysén, ese guarismo se invierte, o sea el 80% se faenará y eso  aumenta la tasa de extracción que es un indicador de eficiencia productiva.  Hoy alcanzamos un 20% de extracción y, con eso, como productores nos  sacamos nota 4 no más.

   Pero no todo será problema y obstáculo, ¿cuáles son las ventajas de producir  en la región?

   La Región de Aysén tiene privilegios sanitarios y medioambientales que no tienen otras regiones ni otros países en el mundo. Estos intangibles, muchas veces son difíciles de explicar a algún inversionista, pero nosotros sabemos  que eso tiene un valor. Así como la industria del vino ha logrado un espacio en el mundo, promoviendo sus cualidades únicas, describiendo olores, sabores,  geografía, etc. nosotros creemos que nuestra carne, que es de muy buena calidad, que es originada en los mejores rebaños de carne del país, creemos  es posible darle un mayor valor agregado en los mercados exigentes, tenemos que saber relevar esas características que son únicas en nuestra Patagonia.

Volumen y estacionalidad

   Si tenemos esas ventajas, si sabemos que podemos crecer en masa  ganadera, si estamos convencidos que en Aysén puede haber una industria de  la carne, ¿por qué aún no contamos con una planta faenadota que cumpla con  todos los requisitos para llegar a los mejores mercados del mundo?

   Porque no tenemos el volumen suficiente y no hemos sido capaces -pero  estamos trabajando en ello- de romper con la estacionalidad productiva. Una  planta, requiere, para que sea eficiente, a lo menos 10 meses de una masa  aceptable a ser faenada. Una planta no funciona con un solo ciclo de faenamiento, por lo tanto son 2 barreras que debemos derribar: uno, tenemos  que aumentar el volumen de ganado, llegar a la masa mínima que se requiere para una planta y dos, romper la estacionalidad. No podemos tener un taxi de  lujo, si hace una carrera a la semana…

Hace unas semanas, desde la Región de Los Lagos se exportó una pequeña cantidad de carne natural, proveniente de los predios de la  Región de Aysén  ¿esa es la vía, por ahora?

Específicamente lo que ocurrió, es que se exportó carne orgánica de  Balmaceda a mercados interesantes y eso es una prueba que requiere mucha  observación, fue una pequeña exportación que debe ser observable. Fueron  alrededor de 7 mil kilos que en el mercado final fue muy bien aceptada, tanto es así que el alemán preguntó cuándo le pueden mandar una nueva partida y  una tercera. Bueno, hubo que responder que el próximo año y eso no funciona.  Podemos tener el mejor producto gourmet, pero no podemos sostener un  mercado con lo que tenemos… por ahora.

Decimos que falta una planta faenadora en Aysén, sabemos que los grandes inversionistas no logran interesarse por el volumen del negocio y los más  pequeños no tienen los recursos para hacerla, ¿quién debe construir esa  planta?

Yo creo que la puede construir un inversionista que conozca el negocio, para  que sea eficiente, con el compromiso de los productores, pero debe haber  también una ayuda importante del Estado. Si queremos tener una planta hoy,  hay que buscar esas alianzas que sin duda irán gatillando efectos positivos en  la industria de la carne, como el aumento de la masa y mejores mercados.

Ni chicos, ni grandes

   La pregunta se debe a que siempre se señala que la actividad económica más apoyada por el Estado es la agricultura y en esta región es la ganadería,  ¿está de acuerdo con ese juicio?

   Esa es una verdad ‘a medias’, es odioso para nosotros escuchar a veces ese  tipo de opiniones. Se castiga al sector campesino, señalando que es una carga  para el Estado, yo no comparto esa visión. El campesino en Aysén ha cumplido  una función de ocupación del territorio, que tiene un valor mucho más alto al  que podría aportar el Estado a nuestra gente, también está el conservar la  cultura y la identidad regional. Nuestras tradiciones se mantienen en nuestros  campos, ahí se expresa nuestra riqueza cultural, además contiene la migración  a las ciudades, en fin, son muchas las externalidades positivas que tiene la vida  campesina, que no siempre se valoran, y obviamente está también el aporte a  la economía por la vía del desarrollo agropecuario.

¿Cómo se conforma la estructura productiva ganadera en Aysén, están los  representados por Ogana y otro segmento denominado “clientes Indap”, por donde pasan los intereses comunes de estos 2 segmentos productivos?

   Primero que nada, debo señalar que Ogana no alberga los grandes  ganaderos, tampoco albergamos a los pequeños campesinos y productores de la región, que en su mayoría están agrupados bajo el alero de la Federación Agrícola y Ganadera de Aysén, FAGA, a quienes Indap les proporciona una  batería de instrumentos de fomento que les permite hacer más llevadera su actividad productiva.

   Nosotros somos el sector que representa, análogamente, a la pequeña y  mediana empresa en otras actividades económicas y, lamentablemente, somos el sector que menos instrumentos del Estado tenemos, ya que no somos lo suficientemente grandes para aprovechar las economías de escala, ni tan  chicos para recurrir al Estado o al Indap. Para hacer viable nuestra actividad,  se nos debe considerar las Pymes de la ganadería. Es por eso que estamos  iniciando un trabajo conjunto con la FAGA, para lograr también visualizar los problemas comunes y plantearlos donde corresponda, es una forma de enfrentar de manera conjunta la problemática de la ganadería en Aysén.

   Nosotros no nos sentimos tan lejanos de las demandas de FAGA. También  usamos algunos instrumentos de la Corfo, del SAG, del INIA, que están destinados a la mediana ganadería. Una cifra: el 75 % de los vientres está en  manos de los pequeños productores.

El ciudadano común, de Coyhaique principalmente, asocia Ogana con ese  recinto donde se hacían las ferias y fiestas camperas, el cual ya no existe para esos efectos. ¿Qué responsabilidad tienen en que se haya perdido ese  espacio, que la gente lo asumía como público, como propio incluso?

Asumimos nuestra culpa, pero no somos 100% responsables de todo lo  ocurrido. Nosotros tuvimos que salir de Coyhaique, estábamos quedando en el centro de la ciudad, además la organización pasó por un momento muy crítico  y estuvo a punto de perder su único patrimonio, que era sólo ese recinto, por no pago de contribuciones y hubo que venderlo, medida que nos permitió  capitalizarnos, y hoy para mí es un orgullo decirlo, estamos en una decisión de recuperar absolutamente el recinto de Ogana, como un lugar de reunión para la  familias ganaderas, para la familia coyhaiquina y para la familia de la región.

   Queremos devolver, con intereses, lo que la comunidad de Coyhaique sintió  que había perdido. Yo tengo una deuda con mis abuelos, con mis padres y  como heredero de un legado, quiero recuperar prontamente ese espacio. Ya  tenemos un predio de 12 hectáreas en el sector Coyhaique bajo, aledaño a la Escuela Agrícola, en el cual estamos concluyendo un proyecto arquitectónico  muy ambicioso que queremos regalárselo a la ciudad de Coyhaique, para que sea un espacio de identidad regional, un hito que identifique a la ciudad, que no  seamos conocidos por la Piedra del Indio o por el Monumento al Ovejero, sino  que también por el Parque Ogana, creemos que estamos en condiciones de  entregar al uso de la región un recinto de primera calidad. Así lo señaló el nuevo directorio de Ogana, que asumió hace muy poco y que presido con  mucho orgullo, el compromiso es que en unos 2 años este parque esté al  servicio de la comunidad.

Terremoto blanco

¿Cuáles son las aspiraciones que tienen los ganaderos?

   Estamos esperando que el gobierno se termine de instalar completamente,  con el objeto de iniciar un diálogo franco con las nuevas autoridades. Pero en  nuestras aproximaciones, producto de algunos problemas que enfrentamos a  propósito del clima riguroso de este invierno, estamos muy satisfechos cómo se  trabaja en nuestro sector y ya hemos tenido contactos con las máximas autoridades del agro, incluido el propio el ministro.

¿Cómo enfrentó el sector esa crisis que generó el invierno que aún persiste?

   Creemos que se enfrentó de buena manera, pero también se puede mejorar  la acción y las autoridades sectoriales nos señalaron que no había un plan de  contingencia elaborado con anterioridad. Ahora están preparando un plan que  permita enfrentar de mejor manera situaciones similares en el futuro. Nosotros  estamos evaluando las consecuencias, y eso se va a tener una vez que  termine el invierno, en las faenas de la señalada, de la esquila, es decir, en la  primavera-verano.

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