Mujeres patagonas ganan espacios no tradicionales

Por Priscilla Villavicencio C.
Fotos: Agencia Imágenes de la Patagonia.

    Un reciente estudio español sobre las cualidades profesionales de hombres y mujeres indica que las féminas son más responsables, están más abiertas al cambio y muestran mayor orientación al éxito que sus compañeros varones. La investigación reflejó que las mujeres presentan mayor puntuación que los hombres en la escala de deseabilidad social, es decir, muestran una mayor sensibilidad a las presiones de su entorno social, lo que les lleva a comportarse de acuerdo a lo esperado.

   En una región donde las mujeres pican leña, palean nieve, crían y hacen fuerzas, no es extraño encontrarlas en trabajos no tradicionales, labores que generalmente se relacionan a espacios masculinos. En una vuelta por la región nos encontramos con tres historias de mujeres que emprenden en espacios de hombres sin dejar de lado sus labores maternas.

Curvas y ruedas

   Temprano toma su colectivo Deysi Arriagada, para comenzar su recorrido, aunque sabe que es una de las pocas mujeres trabajando en la locomoción colectiva, afirma inmediatamente que “antiguamente era de hombres, ahora nos metimos las mujeres y estamos a la par con los hombres, estamos igualitos”.   Deysi,  además de manejar su colectivo, es madre de 3 niños, de 11, 8 y 3 años, es por esto que confiesa haberse mantenido al menos 10 años como dueña de casa, hasta que con su marido adquieren un nuevo vehículo que ella decide manejar.

Deysi Arriagada, asegura un trato más deferente frente al volante.

   “Es mucha  la responsabilidad de trabajar, dedicarse a la casa, ver los hijos y a parte de eso, tengo responsabilidades en el nuevo sindicato que se formó en la línea 22, soy la presidenta y ahí hay que estar atenta a todo”, explica con orgullo la conductora.

   En cuanto a su desempeño en un mundo de hombres, Arriagada declara que sus compañeros la apoyaron desde un principio y que incluso sus clientes la tratan muy bien, “tienen que darle la posibilidad a la mujer que salga a trabajar y por lo menos mi trabajo a mí me gusta y una mujer en un auto se ve hasta bonito, y bueno la mujer es más sutil con las personas, no es tan brusca como los hombres, porque ¡hay cada chofer!, la mayoría ni conversa, y uno habla con mujeres, abuelitas y se hace más cordial el viaje”, relata sonriendo. Confiesa que si bien cambia ruedas y conoce todas las piezas de su motor, aún no se atreve a meter sus manos a fondo, “igual miro, pero meterme a desarmar no me atrevo aún, ya vendrá”, asegura.

 Con las botas puestas

   Difícil fue para algunos entender que era lo que hacía Andrea Soto con huincha en mano, decidida a abrirse paso en el mundo de la construcción.

   “Me ha tocado ir a varias visitas y de repente te miran así, de arriba abajo, ¿qué hace esta mina acá? con botas, calzas de cuero y todo, claro, ellos miran y pensarán ¿que onda? y ando haciendo lo mismo que andan haciendo ellos, midiendo, preguntando, anoto todo, soy bien ordenada”, cuenta la contratista.

   Andrea es madre de 3 hijos, de 16, 12 y 4 años. Con su ex pareja aprendió sobre emprendimiento, “él era microempresario, trabajamos juntos, después tomamos distintos caminos y yo sabía que tenía visión, nuevas ideas y conocía gente, mi padre siempre trabajó en construcción, me gusta la parte constructora, tengo iniciativa, me estimulé con eso y aprendí”.

   Soto ya se adjudicó un proyecto Fosis con el que espera implementar su oficina en casa, para así también cuidar de su familia. Respecto de cómo ha sido el proceso de entrar como mujer al mundo de los contratistas, Andrea relata que “es difícil, porque igual necesitas credibilidad, pero si tienes confianza en ti misma y sabes que tú estás bien encaminada, sabes que vas a poder cumplir los plazos, todo depende de cómo tú te plantees en la vida y la seguridad que tengas, saber que estás haciendo bien las cosas, porque te discriminan, pero cuando haces las cosas bien y cumples, estás a la par de todo el mundo”. De este modo, llama también a otras mujeres a empoderarse, “que se arriesguen, hay oportunidades, el gobierno esta capacitando, uno tiene que informarse, están todas las redes de apoyo, hay que tirarse a la piscina no más”, afirma la contratista.

Tallando fuerte

  En los barrios del sector alto de Coyhaique hay un taller de muebles, donde Laura Rozas junto a su marido descubren día a día las maravillas de la madera nativa. Si  bien el esposo de Laura es el mueblista, de él ella ha aprendido el arte de la madera, lijando, ensamblando, barnizando y además llevando la contabilidad y administración de la empresa. También dedica tiempo a fabricar telares.

Laura Rozas, se hizo espacio en el taller de muebles con su marido.

   La jefa de hogar tiene 2 hijos, uno de 2 años y otro de 15 años. Entre la contabilidad, la casa y el taller, Rozas encuentra tiempo para todo, y dice que le gusta trabajar en el taller, a pesar de que a otros no les gusta.

   “Me meto, aunque me retan, pero igual me meto”, dice riendo. Finalmente la empresaria llama a las mujeres a aprender nuevas técnicas, “que se atrevan, si uno tiene que aprender a hacer de todo en la vida, si mi marido no está ¿qué hago yo entonces? ¿no hago nada?, ¡no pues!, reclama Rozas volviendo a su taller.

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