El vehículo que se «mueve» por el medioambiente

Jóvenes que han llevado a cabo el sueño de muchos. Amigos que viajan sin  parar, con más motivaciones que descansar bajo las palmeras del Caribe, conocer una mujer en Brasil o para comprar un aparato electrónico en EEUU. Los 5 chicos que hace un par de semanas llegaron a Coyhaique desde Canadá conduciendo a “Laura”, un viejo automóvil que recicla desechos de aceite como combustible, recorren entregando su mensaje: la protección del planeta.

Por Nicolás Siriany G.
Fotos: Agencia Imágenes de la Patagonia

   Laura recorre las fronteras del continente americano sin otra atadura que su estanque cuente con aceite usado.Así, sus ocupantes, los chilenos Rodolfo Rada (29) y Jorge Quiroz (21), junto a Diego Vargas (27) de Colombia, Javier Pérez (31) de México, y Jonathan Barou de Argentina, donde quiera que estén, buscan en restaurantes y hoteles lo que para muchos es inservible y que en un 95% termina en algún basurero o alcantarilla.

Reutilizando el aceite que se ocupa en restaurantes y cocinerías, Laura se “mueve” –literalmente- para crear conciencia sobre el medioambiente.

   El aceite vegetal utilizado en la cocina para freír, al parecer un desecho, le da vida a este Volkswagen Golf de 1987. Pero este vehículo, no sólo lleva consigo un mensaje sobre la importancia del reciclaje y el cuidado del mundo en que vivimos (que ya es bastante), sino que carga los sueños, las vivencias, las luchas y el espíritu de quienes estuvieron en sus asientos u otros quienes lo vieron en frente de sí.
   Es que no es para menos con 56 mil kilómetros recorridos, desde Canadá hasta la Patagonia chilena. Las decenas de entrevistas en medios de  comunicación en todo el continente, presentaciones en universidades y  conversaciones con presidentes y ministros de estados latinoamericanos, hablan de su impacto a nivel internacional. Usted puede ver las fotos: cada  rayado de Laura, es una señal de apoyo de personas que la encontraron en el camino.

Sueño materializado
  
En el año 2006 un grupo de jóvenes residentes en Canadá, ante el aumento en la construcción de grandes centrales hidroeléctricas que represan los ríos en todo el mundo, deciden hacer algo. Así surgió Ríos Libres, una fundación  que, a través del viaje, educa sobre la importancia de las aguas. Los  muchachos comenzaron a trabajar, y en el mismo año consiguieron realizar la primera de sus 4 travesías: desde Canadá hasta Panamá.
   Luego de este primer desafío encontraron una valiosa herramienta que no sólo le daría mayor coherencia a su proyecto, sino que además le  significaría un gran ahorro en la búsqueda del viaje infinito. Fue entonces como conocieron un pequeño camión que usaba la tecnología de aceite de cocina como  combustible, sistema que fue amor a primera vista.
   Hicieron entonces un segundo viaje verificando que la tecnología funcionaba a la perfección. Recorrieron desde Vancouver hasta Ciudad de México ida y  vuelta, donde organizaron una carrera de rafting, cuyo objetivo era conseguir dinero suficiente para formar una asociación sin fines de lucro y comprar un auto. De ahí surgió Laura, que fue acondicionada para trasladarse en forma ecológica.
   Rodolfo Rada, fundador y director del proyecto Ríos Libres, el que hoy tiene como protagonista a Laura, es oriundo de Punta Arenas y desde hace ya varios años trabaja en Canadá como instructor de rafting. Luego de llegar de su tercera expedición desde Sudáfrica a Uganda por transporte público, se dedicó  junto al grupo a preparar el automóvil para realizar la más larga de las  travesías, la que contemplaría cruzar 15 países, un trayecto desde Canadá hasta la Patagonia Chilena.
   Así, el 14 de octubre del 2008 Laura salió del país del norte, para luego de 18 meses de travesía arribar a Coyhaique, “Nos decidimos lanzar, siempre me ha gustado el viaje y el primer viaje fue como de estudio, y ya después del primer viaje dijimos hay que seguir aguantando porque nos gustó, tuvimos un montón de apoyo de la comunidades” cuenta Rodolfo Rada.
   Dieciséis personas de 10 nacionalidades diferentes, de profesiones y  aptitudes diversas como la antropología, el derecho, el diseño gráfico y la música entre otras, han viajado en esta expedición, realizando charlas  educativas respecto al reciclaje y la protección del medio ambiente en  escuelas, universidades y organizaciones sociales, cada uno aportando con  sus habilidades. De esta manera, sumado a la generación de proyectos,  pueden solventar los costos de la experiencia.

Preocupación ambiental
  
Si bien los chicos atraviesan el continente hablando sobre su gran viaje, este  no es su único componente. Los jóvenes se desplazan por un sin número de pueblos y comunidades, con el propósito de resguardar el medio ambiente: “llevamos un mensaje de alerta a los que no lo cuidan y un mensaje de apoyo a  los que lo han venido cuidando”, dice Diego Vargas.
   Según nos cuentan, en su recorrido se han encontrado con situaciones similares a las que ocurren en la Región de Aysén y el conocido tema de la construcción de represas, respecto a la que Rodolfo Rada nos dice: “hemos visto en todo el continente que ninguna empresa hidroeléctrica cumple sus promesas energéticas o sociales. Dicen que la represa va a funcionar con mil mega watts, mentira esta funcionando a 60%. Que van entregar energía más barata, mentira”.
   De hecho la llegada de Laura a Coyhaique fue, justamente, en el marco de la marcha en protesta ante la posible construcción de mega centrales hidroeléctricas en la región, realizada el pasado 5 de junio, de la que fueron  protagonistas con acciones como la toma de fotos aéreas, actividad que  realizan en diferentes países.
   A partir de las experiencias vividas en estos 18 meses de trotamundo, el  director del proyecto Ríos Libres reflexiona sobre el sentir de comunidades de  otras regiones de América, donde se levantaron represas en los cauces, como  se pretende en la Región de Aysén y la Patagonia en general: “hay una  frustración comunitaria por el hecho que se hizo lucha y se unió un montón de  gente, el pueblo se manifestó y el gobierno y la empresa privada se los pasó  por la raja” señala Rada.

Aceite reciclado
  
Al reusar aceite de cocina los muchachos del Laura no sólo llevan ahorrado unos 7 mil dólares, (aproximadamente $3,5 millones), sino que evitan que estos desechos vayan hasta los basureros o sean botados vía cañería, pese a que esta última acción es ilegal en nuestro país.
   Según nos cuentan, hoteles y restaurantes se deshacen de cerca del 95% del aceite, por lo que uno de sus trabajos diarios es ir hasta estos locales comerciales y obtener su combustible.
   Aprovechando este contexto, la tecnología que utiliza Laura responde a la incorporación de un calentador de aceite que funciona con la temperatura del radiador. Si bien, el sistema requiere de petróleo para partir y calentarse por algunos minutos, luego, por medio de un interruptor se pasa a la modalidad de aceite, logrando un rendimiento de 12 kilómetros por litro con un 20% menos de potencia, alcanzando una velocidad de unos 80 kilómetros por hora.
   Hace sentido que hace 98 años el motor fuese inventado por Rudolf Diesel (irónico apellido), para funcionar con aceite de maní. Si bien toma más trabajo y algo de tiempo someter el aceite a procesos de decantamiento y filtrado para  su uso, el sistema produce menor polución, es más económico y reutiliza desechos contaminantes.
   Incluso para los más escépticos, debido al sistema, en petróleo sólo han  gastado $300 mil en 19 meses de recorrido, contaminando incluso menos que  al utilizar, el mismo petróleo o gasolina como combustibles. Los chicos nos  dicen que este equipamiento cuesta entre $500 mil y $ 1.500.000 y puede  conseguirse en Canadá o contactándose con ellos.

Quiero ser libre…
  
La idea de libertad se respira en todo lo que nos cuentan. Una búsqueda personal y colectiva que muchos ansiamos y que, a veces, se limita  simplemente por normas y conceptos que están en nuestra mente.
   Javier Pérez es médico de profesión y una des sus grandes pasiones es la  escalada. Él, que subió a Laura en México, su país de origen, nos habla del  crecimiento personal que le significa esta experiencia, reconocimiento que  realizó durante el viaje.
   “Cuando uno empieza a lucrar con las cosas, cuando uno empieza a querer sacar un beneficio de las cosas es cuando comenzamos a perder (…) yo  cuando estaba en México tenía mi profesión, lo que yo quería, pero finalmente no es así, no te sientes contento. Yo quiero estar en la montaña, estar en el  bosque y dar a conocer esto, es mejor que estar en el cine o andar en el auto  más lujoso bebiendo y trasnochando”.
   A veces sólo comen un pan, a veces los invitan a comer a restaurantes lujosos como modo de felicitarles por su labor. Lo concreto, es que de las palabras de estos jóvenes aparece una clara percepción de lo que es necesario para sus vidas.
   “Para mí la libertad es tener la elección o la capacidad de conciencia de tomar lo que uno quiere. Se dice que todos somos libres, pero eso no es cierto  (…) el empezar a ser libres es comenzar a cuestionarse, a oponerse a la que  uno no quiere y no sólo eso, sino dar opciones”.
   Los 5 muchachos del Laura continúan trabajando para reciclar una micro de  recorrido y trasformarla en el embajador ambiental en nuestro país. Por lo  pronto, siguen con la idea de que ésta es la expedición eterna de  Latinoamérica, mientras que este viejo Volkswagen de 1987, que tiene algo de  carrete, espera por su destino: tal vez en un museo ambiental, un centro  cultural, un auto de paseo o bien recorriendo una infinidad de parajes y  pueblos. Sin embargo, al encenderlo, es seguro que su nuevo dueño sienta  que Laura, no es un vehículo ordinario.  

Lo que viene

 Pese a lo que nos cuentan respecto a que Laura nunca termina, su materia por lo menos se separará de ellos en el próximo tiempo. Este vehiculo de 1987 tiene un posible comprador en Colombia quien, tal vez, le dará un uso diferente al que le han dado estos muchachos recorriendo nuestro continente.
   Pero el proyecto evoluciona ante la necesidad de involucrar a un mayor  número de personas. El próximo paso de estos aventureros, para lo que  trabajan intensamente, es conseguir una micro colectiva que también funcione  con aceite quemado. Pero no sólo esto, además piensan en dotarla de  generadores eólicos y paneles solares. El objetivo: dar la vuelta a Chile de  manera constante entregando el mensaje del reciclaje y el cuidado del planeta,  ayudar a jóvenes a viajar y conocer nuestro país, y divulgar su posición  contraria a la realización de megaproyectos hidroeléctricos.
   Para esto, como en otros lugares del continente, buscan el apoyo de la comunidad a través del trueque y la realización de charlas en diferentes  establecimientos. La idea es iniciar la expedición en un `plazo corto desde la   Patagonia, en Coyhaique, por su carácter de ciudad emblemática en la  protección del medio ambiente.

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