Cómo se vive el frío bajo cero grados

Historias de personas que representan a quienes pasaron los primeros días fríos, previos al invierno, sin una dotación adecuada de leña, aquellos que tuvieron que esconderse bajo las ropas de su cama, por la mayor parte del día, arriesgando muchísimo más que un resfrío.

Por Nicolás Siriany G.
Fotos: Agencia Imágenes de la Patagonia

    El frío es una condición que los seres humanos percibimos de manera similar, a diferentes intensidades. Algunos lo disfrutan, otros no. Hay quienes se emocionan con la imagen de la escarcha sobre una telaraña, o con los destellos de colores que produce la luz de la luna sobre una pradera congelada.  
   En lo que todos coincidimos es que no tenemos el pelaje de una oveja, ni la conformación de un lobo marino para protegernos de este fenómeno, sin embargo, de algunos le somos más o menos tolerantes, necesitando más o menos abrigo.  
   Pese a ausentarse la acostumbrada nevazón de fines de mayo, apareció el invierno. Como el artista que nos muestra un sólido anticipo de lo que podrá ser su representación final, la estación le pidió un espacio al otoño, llevando hace unos días el termómetro hasta los 7 y 9 grados bajo cero en Coyhaique, medición que fue acercándose al suelo con menos 15 grados, registrados en la antigua Balmaceda.
   Abrigo, es una necesidad de las personas que vivimos en regiones australes del mundo y ante estas temperaturas, vale la pena preguntarse si todos quienes las habitamos tenemos hoy la capacidad de cubrirla. Es sabido por ejemplo que las familias de canoeros que habitaron nuestra región, como los kawéskar, muy rara vez apagaban su fuego, el que los acompañaba incluso en sus salidas al mar a bordo de sus embarcaciones.
   Nos reunimos en torno a una estufa en torno a un mate, buscamos el abrazo de un ser querido, ponemos nuestras manos entre las piernas, hacemos ejercicio, en fin son miles los ejemplos para plantear que buscamos y necesitamos algo de calor, ya sea por placer, pero por sobretodo por salud.
   Salimos a las calles de Coyhaique para conversar con quienes no tienen la posibilidad de trabajar y que por su distancia a los campos, o bien por su costo, no pueden conseguir leña.
   Llegamos al domicilio de la señora María Aguilar, de 72 años, en calle Cañete, en la población Pedro Aguirre Cerda. Esta mujer viuda, madre de 6 hijos (de los cuales 5 viven fuera de la región), nos recibe amablemente, luego de levantarse de la cama. Ella, quien recibe una pensión de $80 mil, la que este mes fue a parar en cuentas de luz, gas y agua (algunas acumuladas), vive junto a su nieta, quien aporta unas pocos ingresos al hogar. Siempre sonriente, esta abuelita contesta a nuestras preguntas cerquita de un tímido calor, aportado por la estufa a leña. María decide bajar el volumen del televisor, en vez de apagar el programa de La Jueza, de Mega.

La señora María Aguilar junto a su cocina.

   Esta abuelita nos cuenta que no puede caminar mucho, ya que dice que le duele su pierna. Es oriunda de Puerto Montt, donde hace 45 años conseguía su propia leña desde campos cercanos a su vivienda. 

Se ve que tiene muy poquita leña ¿cómo vivió estos días en los que hizo tanto frío?
Me levanté a las 12 del día, no me puedo antes levantar y gastar mi leñita poquita.

¿Y cómo lo hizo, dejó fuego en la noche?
Si dejo fuego en la noche, al otro día no tengo leña y ése es el problema que tiene uno… en las noches, a veces, no puedo dormir por el dolor de mis huesos.

   La señora María nos cuenta que ella puede racionar 2 metros de leña y en esas condiciones pasar el invierno. Esos 2 metros son los que año a año debieran recibir los abuelitos por parte de la gobernación, a través de su inscripción en las juntas de vecinos y talleres, cantidad que en ocasiones puede bajar a un metro o a unos 40 palos, según nos cuenta.
   Fabiola Aguilar, de 72 años, es otra abuelita quien tiene escasez de leña. De hecho, en su pequeña vivienda ubicada en la calle Río Aysén, en la población Almirante Simpson, sólo unos cuantos palos finos aparecen al costado de su combustión.
   Su delicado estado de salud producto del asma que padece, más otras complicaciones de salud, no le permiten desempeñarse en el rubro de la costura o la pintura a través de la cual, en el pasado, se ganaba unos pesitos. Hoy está permanentemente en cama y en su pieza aparece un imponente tanque de color blanco, al cual se conecta para recibir oxígeno.
   Según su relato, consigue abrigo a través de sus nietos quienes le vienen a dejar astillas de vez en cuando. Desde su cama nos cuenta acerca del tema de la leña, mientras su vecina quien vino a visitarla, junto a su hijo, acompañan nuestra conversación.

Usted recibe una pensión no es así, ¿tiene alguna necesidad que le cueste cubrir más que otra?
La leña se me hace difícil, porque el sueldo que tengo es poco y tengo que comprar remedios, tengo que pagar la luz, el agua y comer…

¿Cómo pasó estos días tan helados y casi sin leña? 
En cama, acostada, me levantaba un rato no más.

Una señora con quien conversé anteriormente me decía que ella hace fuego para cocinar nada más y así puede ahorrar leña, ¿usted hace lo mismo?
En la noche dejo apagar el fuego temprano… Así se hace, uso la leña para cocinar, después, a apagar el fuego y meterse a la cama.

    La señora Fabiola, como nuestra anterior entrevistada, reitera que la leña anteriormente era mucho más barata que en la actualidad. Hoy le otorgan un valor referencial de $15 mil el metro cúbico. Para esta abuelita su principal necesidad es el combustible, ya que recibe aportes en comida de voluntarias que recolectan víveres para abuelitos con dificultades.

 ¿Qué  hacer?

    También en la población almirante Simpson de Coyhaique trabaja Blanca Díaz, de 56 años, una voluntaria del grupo de Ayuda Fraterna de la capilla Jesús de Nazaret. Ella junto a otras 3 mujeres realizan una serie de actividades como venta de ropa, empanadas, rifas, bingos y otras, para satisfacer alguna de las necesidades de alrededor de 34 familias.
   Blanca conoce el caso de Fabiola a quien visita a menudo. Ella dice conocer de cerca el tema de la escasez de leña, catalogándolo como una de las mayores dificultades que enfrentan los destinatarios de su labor.

Sabemos que la señora Fabiola está inscrita en la Junta de vecinos para recibir algo de leña…
Si, pero sabemos que ésta no ha llegado. El año pasado me parece que entregaron 20 chocos, pero que hace uno con 20 chocos.  

¿Y que haría usted entonces?

   Hay mucha gente joven a la que también se le ayuda con leña. Yo le daría preferencia a las personas de edad como el caso que usted vio de la señora Fabiola, que está en cama y no puede valérselas por sí sola y que en vez de entregarle un metro, que le entreguen 2, pero metro a metro. Sería importante que la gobernación se comunique con los grupos de ayuda fraterna, quienes somos los que recorremos las poblaciones, sabemos bien quienes son los que necesitan… muchos abuelitos no pueden asistir a las reuniones de la junta de vecinos.   
   Según datos recabados en la gobernación provincial de Coyhaique, al año son 3 mil metros de leña recopilados a través de los planes de Conaf, que son canalizados mediante juntas de vecinos o talleres del adulto mayor, organizaciones que deben elevar una solicitud con el listado de personas que necesitan la leña. Así la gobernación le da preferencia a las familias, a modo de evitar que más de un integrante del grupo reciba el beneficio por separado, por lo que en ocasiones, quedan fuera del beneficio personas que no tienen la posibilidad de participar activamente de la vida vecinal.
   Es así como, la gobernación entrega 2 metros como máximo a cada beneficiario, proceso que se realizó durante esta primera semana de junio y que continuará la semana  siguiente.

¿Depende de la mirada?     

   Que diferente puede ser el mundo dependiendo desde donde se lo mire. Resulta comprensible la molestia de algunos vecinos de Coyhaique y la región, respecto a las campañas de certificación de leña que justamente para algunas personas encarecen aún más la obtención del recurso ya que no cuentan con los espacios, los equipos de combustión adecuados o más aún, con ningún peso para comprar un choco.
   Por otro lado, los bosques de los alrededores de Coyhaique están cada día más retirados producto de la extracción de leña, la ciudad vive inviernos con una malísima calidad del aire, mucha gente continúa botando árboles sin ni siquiera pagar un impuesto y por ningún lado se visualiza la intención de modificar este escenario con un Estado que subsidie un plan real certificación del recurso, permitiendo su acceso a personas de bajos recursos.
   En el intertanto, autoridades, vecinos y ciudadanos, en una noche fría tenemos la oportunidad de meterle unos cuanto palitos a nuestra combustión olvidándonos en nuestro apacible sueño, que afuera está completamente escarchado. La urgencia, por otro lado, la viven aquellas personas que como sabiamente hace los animales, viven no más de 6 horas despiertos durante el inverno, pasando la temporada de intensos fríos bajo un cúmulo de frazadas.

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